Tras recorrer el brezal a la búsqueda de algún paseriforme especial de los que suelen llegar por esta época (escribanos sobre todo) y después de cruzarnos con un nutrido grupo de excursionistas, nos acercamos al acantilado. No quedaban ya muchas posibilidades de detectar algo curioso, pero en éstas José Manuel Marín da el aviso, en las rocas se ve un papamoscas raro. Y Luis Mario Arce, con la experiencia fresca de observarlo en Europa, lo confirma, es un papamoscas papirrojo Ficedula parva. Yo, por fortuna, le puede hacer algunas fotos antes de que se me agotara la batería de la cámara.
Este pequeño y precioso pajarín es una rareza en la Península Ibérica. Casi todas las citas homologadas, cerca de 30, son de la fachada mediterránea. Este hecho es debido a que se trata de un ave oriental, que anida en el este de Europa y el oeste de Rusia, invernando en Asia. Como dicen las guías, se nos presentó incansable, cazando insectos sin parar, aunque muy aquerenciado a la zona de acantilado con vegetación, donde lo pudimos ver durante bastante rato a placer.
Como curiosidad, durante un momento en que se acercaron tres halcones peregrinos a la zona, donde estuvieron 10 minutos dejándonos a todos boquiabiertos con sus acrobacias aéreas, el papamoscas tomó las de Villadiego y se escondió, volviendo al roquedo cuando los halcones se fueron. En vuelo pudimos observar muy bien uno de los rasgos de la especie, que es los grandes laterales blancos de la cola, aunque apenas pude obtener alguna foto donde se apreciara un poco.
Como os digo, esta fue sin duda la guinda del pastel, que se une a la cita del día anterior de un mosquitero de Schwarz (otro divagante oriental mucho más raro) que Dani y Clemente localizaron el día anterior también en Peñas.
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Sin duda, un fin de semana fructífero y excitante en el Cabo. Pero a lo largo de la ruta de hoy pudimos ver otras cosas que dejaré para una próxima ocasión.
