Revista Vino

Porqué pensamos vino

Por Louzan
Es habitual que, cuando hago largos viajes en solitario, mi cabeza en permanente estado de reflexión se sumerja aún más en la fase en la que llega a conclusiones genéricas de tinte filosófico. Vamos, que me rompo más la cabeza y, además, más profundamente.
Y en este sentido, los últimos días han sido clave para que llegase a una serie de conclusiones que vale la pena que exponga como enunciados, es decir, como proporciones individuales que merecen de un pensamiento profundo. Una reflexión individualizada que, de todos modos, dudo que nadie haga, como luego veremos.
Voy a citar estos enunciados de modo individual y les voy a poner un número para organizarme yo y para que cualquiera pueda entender a donde quiero llegar. Resistid la tentación de creer que son los diez mandamientos porque ni soy Moises ni los voy a cincelar en mármol. Es solo, como siempre, "pensar el vino", como describía en su día el bueno de Antonio Portela. Eso y un anuncio final.
Vamos allá.
1. El mundo del vino se compone de dos partes. En una están aquellos que lo elaboran como medio de vida de forma consciente y desde el punto de vista de una actividad económica en un entorno capitalista y con animo de perdurar. Este grupo lo forma un 5% de los productores.
La segunda parte la forman el 95% restante, que hacen vino para ganar dinero, con ánimo de enriquecimiento o manutención y que podrían estar haciendo jersey, tornillos o muebles de fornica.
No hay más divisiones que las que representan estos dos grupos. Creer que existen múltiples diferenciaciones dentro de estas dos partes es como poco ilusorio. Es un mundo binario. Unos y ceros.
2. En lo relativo al "periodismo/promoción/concursos" que rodean al mundo del vino, atención, no hay más que un único grupo. Todo el mundo, repito, todo el mundo, tiene algo que defender o atacar. Todo el mundo. No existen publicaciones "totalmente" libres y objetivas. Incluidas aquellas en las que participo yo. La diferencia, de haberla, está en qué es lo que defienden y porqué. Solo eso.
Porqué pensamos vino3. El vino, al contrario que las salchichas, los dulces, las golosinas o la comida macrobiótica, conlleva por su propia naturaleza una ética profesional aún sin aquilatar ni condensar en un documento de carácter deontológico. Hacer vino implica a una serie de disciplinas humanas que hacen inviable elaborar este producto sin ética medioambiental, técnica o comercial, más allá de los estándares establecidos para cada una de estas actividades de modo individual.
4. Beber vino es la única actividad de ingesta alimenticia que implica un conocimiento previo para su adecuado consumo. Beber vino sin saber lo que se está bebiendo es parecido a comerse unos huevos fritos con trufa blanca rallada de 3000 euros el kilo mojando baguette del Eroski y sin saber lo que es una trufa o a comer jamón Joselito con queso en un bocadillo recalentado en una plancha grasienta. Un acto de brutalidad merecedor de una visita al tribunal de La Haya.
5. Beber vino en la ignorancia es un acto de crueldad. No hablo de beber vino barato, de beber vino de cartón o de beber Rioja maderero por sistema. Hablo de realizar una de estas acciones sin ser consciente de lo que se está haciendo. Cada quien puede beber lo que considere (faltaría) pero debe asumir su condición de bárbaro si así lo hace.
6. El consumo de vino en España jamas volverá a crecer de modo real y sostenido hasta que se asuman los dos niveles existentes en el mercado. El vino industrial ocupa, por derecho propio, un espacio comercial mayoritario y masivo, pero por la misma razón, jamas debería ocupar un espacio detallista y dedicado como hace en uso y abuso de su posición dominante. Mientras esto no se entienda, el del vino acabará siendo un mercado residual y sin capacidad de crecimiento.
Porqué pensamos vino7. Nunca se ha producido ninguna "revolución" crucial en ningún sector sin que se sustituyera al "establishment" anterior por personas nuevas. Hablo de TODO el mundo. Sin cambiar a los portavoces, a los dirigentes y gestores, a los periodistas y críticos, a los "gurús", a los medios de referencia, a los opinares y comercializadores.... sin que cambien las personas, sus modos y estilos, nunca se logrará cambiar nada. Y quien crea que entre las personas que van tomando parte en concursos oficiales y catas dirigidas hay mucha gente nueva, que vuelva a mirar y revise de donde viene cada quien y a que se dedica realmente. Un nuevo foro, por mucho que venda frescura e independencia, no sirve de nada cuando quien expresa esa supuesta novedad es el mismo que hace dos días defendía a los viejos dinosaurios.
8. En una contienda, no es posible defender a los dos colectivos en lucha. Ser biodinámica, natural o orgánico y acudir a eventos industriales a promocionar un vino "porque hay que comer" lo invalida a uno como portavoz de esos movimientos. No digo que no se pueda ir, ojo, solo jodería. Digo que, después de ir, es muy difícil hacer creíble que uno/a hace vino bajo ciertas premisas extremas. Es muy difícil, repito. No imposible.
9. Los amigos del vino pueden no ser amigos en la vida real. El vino, sobre todo el que nos gusta a los habituales por estos pagos, tiende a unir y eso puede ser interpretado como amistad. No lo es. La amistad se forja en el vino como en todas partes. Buen rollo, afinidad, respeto y tiempo. Yo, por ejemplo, en el mundo del vino tengo miles de conocidos y una docena de amigos. Y dos hermanos.
La cortina de intereses, la mayoría personales y comerciales, que rodea al submundo friki en el vino hace inviable las amistades reales duraderas. La inmensa mayoría, reconozcámoslo, está aquí para sacar algo de todo esto.
10. Bebemos vino por pasión. Bebemos vino por emoción y esto quiere decir, en resumidas cuentas, que ante la imposibilidad de ser felices con las cosas cotidianas y elevarnos a otro nivel, preferimos beber vinos que, por su naturaleza y condición, nos ayuden a ser mejores. Mejores personas, mejores padres y madres, mejores hijos y hermanos, mejores amigos o compañeros y mejores vidas. Queremos tanto ser mejores y somos tan incapaces de lograrlo sin ayuda que preferimos beber vinos que vayan más allá de un recurso alimenticio. Más allá de una bebida con historia, con identidad y origen. Bebemos vino porque la otra opción es ser como todo el mundo y eso es dramático.
11. Sin glamour, todos los gatos son pardos. La diferencia crucial entre un buen vino para el submundo friki que, además, sea rentable, está condensada en algo que podemos definir como "diferencia aparente". Por ejemplo; sin probarlo, Crisopa, el albariño estrella de Alberto Nanclares, es, básicamente, un albariño oxidado. Eso cree un tipo concreto de técnico, no yo. Yo creo que es la sublimación del albariño, al modo antiguo de hacer este gran vino. La diferencia, para un público menos informado que nosotros, está en  quien lo hace, en como lo hace y, sobre todo, en porqué lo hace.
Porqué pensamos vino12. Un buen día se abrirá el cielo y alguien dirá que el vino es muy tóxico y dañino. Al estilo de lo sucedido con las salchichas y que explicaba en mi anterior post, ese día diremos adiós a más de la mitad de los vinos que nos gustan. Porque si alguien duda de la velocidad a la que la industria encenderá el ventilador para esparcir mierda es que no se ha enterado de nada. Un mal día el IARC, la OMS o el Papa dirá, textualmente, que "existe relación entre el vino elaborado industrialmente y el cáncer" y ese día arderá el cielo. En solo cuestión de horas no serán los vinos industriales, no, serán TODOS los vinos los sospechosos por obra y gracia de periodistas manipulados y publicidad. Pero, mientras para la industria esa noticia significará unas perdidas de entre un 20 y un 40 por ciento y nada más, para los demás será el fin.
Esto pasará, no lo dudéis.
Es momento de parar y decidir. Veo con interés como se usa un lenguaje (casi textual) similar al que yo uso para definir, por ejemplo, la necesidad de un marco legal que delimite la rica diversidad de subzonas y que supere a las actuales DOs y pienso en que estaría bien que a uno lo nombrase alguien. Me decían estos días que si, que yo y otros tenemos una enorme repercusión.  Que lo que decimos llega y sirve y hace que las cosas cambien. Y agradezco esas palabras pero, sinceramente, no lo creo.
Creo, eso si, que lo que decimos está siendo aprovechado por personas y empresas, por medios tradicionales y por "gurús" de viejo cuño para tratar de salvarse y salvar su negocio. Creo que ofrecemos una retórica y una filosofía gratuita que viene muy bien a algunos para reconducir su mensaje y afirmar, ahora, que son los adalides del nuevo vino, los defensores de los pequeños productores y los que más saben sobre biodinámicos y naturales.
Les sirve, gratuitamente repito, para defenderse de su pasado. Y, sinceramente, no me apetece. No.
Es momento de dejar de decir, dejar de ofrecer y empezar a hacer. Y, mientras hacemos, dejar de facilitar una senda libre a los que, sin citarlo, usan partes enteras de mi libro, o del discurso público habitual mío y de otros, para conferenciar (cobrando) o para distanciarse de una industria donde ya no los necesitan para legitimar o promocionar su producto. NO.
Es tiempo de cambiar las reglas.

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