Revista Cultura y Ocio

Reseña: «Panza de burro», de Andrea Abreu

Publicado el 11 marzo 2026 por Delecturaobligada @DelecturaOblig

La infancia que no sale en los folletos turísticos de Canarias

Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada

Reseña: «Panza de burro», de Andrea Abreu
Fuente: Blog Devaneos.

Llegué a ‘Panza de burro gracias a una entrevista que leí en ELLE al escritor David Uclés. Contaba que se había leído la novela de un tirón, en apenas un par de horas. Y me ocurrió exactamente lo mismo. Abrí el libro con curiosidad y, cuando quise darme cuenta, ya lo había terminado. Porque ‘Panza de burro‘ es una historia fresca, curiosa, muy cercana, que acerca al lector a la vida rural y de pueblo con una gran naturalidad. Pero hay una condición importante para leer este libro: hay que escucharlo. Se debe escuchar con acento canario, chicharrero para ser más exactos, con el ritmo y la musicalidad de Tenerife. De nada sirve leerlo en silencio si no le das el tono adecuado a los personajes. Andrea Abreu escribe sin filtros y sin domesticar el idioma. Y ahí está una de las claves de esta novela.

La autora rompe con el lenguaje literario normativo y se lanza mostrar el lenguaje de su tierra. El resultado es una narración viva, llena de giros, palabras y cadencias que hacen que el lector se meta de lleno en la historia. Al principio puede descolocar, pero cuando entras en la música del texto, ya no quieres salir.

La historia nos lleva a un barrio del norte de Tenerife, muy lejos de la postal turística de sol y playa que solemos asociar con las Islas Canarias. Aquí no hay resorts ni vacaciones eternas. Aquí hay casas a medio construir, calles empinadas, abuelas que sostienen la vida cotidiana y una infancia marcada por la precariedad, el aburrimiento y la imaginación desbordante.

Las protagonistas son dos niñas, la narradora y su amiga Isora, que pasan un verano entero juntas. Dos niñas que juegan, discuten, se admiran y se imitan. Isora es valiente, atrevida y deslenguada. En cambio, la narradora es más insegura, más observadora y profundamente fascinada por Isora. Así pues, esa amistad desigual en la que una parece liderar el mundo y la otra camina siempre detrás es uno de los motores de la historia.

A través de sus andanzas, Andrea Abreu construye un retrato de la infancia que mezcla inocencia y crudeza. Aparecen el despertar de la sexualidad, los complejos físicos, las normas sociales que empiezan a pesar incluso antes de entenderlas, el machismo que se filtra en lo cotidiano, o esa sensación de crecer demasiado rápido en entornos donde la infancia dura lo justo. Lo interesante es que todo eso se cuenta desde la mirada de una niña. Una voz narradora que a veces es ingenua y otras brutalmente lúcida, capaz de pasar del humor a la incomodidad en apenas una frase. Esa mezcla produce momentos tan grotescos como tiernos, así como tan divertidos y tristes.

También hay algo profundamente poderoso en la historia que es la forma de vida. Un territorio donde las niñas juegan en huertas, corren detrás de perros callejeros, escuchan bachata y crecen entre abuelas, supersticiones y secretos familiares. Es una Canarias rural que rara vez aparece en la literatura. La apuesta narrativa de Andrea Abreu ha sido celebrada por muchos lectores como una pequeña revolución lingüística. Su forma de escribir rescata palabras, expresiones y estructuras propias del español canario que pocas veces encuentran espacio en la literatura. Para algunos, esa decisión es lo que hace del libro una experiencia única. Para otros, el lenguaje llevado al extremo puede resultar excesivo o incluso cansado.

Algo parecido ocurre con la propia historia. Hay lectores que se dejan arrastrar por esa mezcla de poesía, humor y crudeza que atraviesa el relato, mientras que otros sienten que el argumento avanza poco o que el final deja una sensación de vacío. Pero quizá esa ambigüedad forma parte del propio espíritu de la novela. Porque ‘Panza de burro’ es, sobre todo una memoria emocional. Una historia sobre crecer, sobre admirar a alguien hasta querer ser esa persona, sobre descubrir que la amistad también puede doler. Y sobre entender que la vida no siempre es tan simple como parecía cuando jugábamos en la calle.

Andrea Abreu debutó con una novela que, para bien o para mal, no se parece demasiado a otras. Tiene personalidad, riesgo y una voz literaria muy clara. Y eso, en el panorama actual, ya es bastante. Un libro corto, diferente y tremendamente vivo que se lee en un suspiro, pero que deja flotando algo en el aire, como esas nubes bajas que dan nombre a la historia.


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