Revista Ciencia

Tierra agotada, Políticas ineficaces.

Por Elodie Brans @Elo_Brans

¿Por qué la UE no logra salvar sus suelos? Análisis de los cuatro fallos estructurales en su política agrícola.

Basado en el Informe Especial 19/2023 del Tribunal de Cuentas Europeo

Tierra agotada, Políticas ineficaces.

Europa está invirtiendo una suma colosal, 85.000 millones de euros, en una política agrícola que, en teoría, debería proteger nuestro recurso más vital: el suelo. Sin embargo, la cruda realidad, documentada por el Tribunal de Cuentas Europeo, es que hasta el 70% de esos suelos están enfermos. No es un simple fallo; es un fracaso sistémico a una escala monumental. El suelo, un recurso no renovable y esencial para la vida, se desmorona bajo nuestros pies a pesar del masivo presupuesto destinado a su salvaguarda.
¿Cómo es posible que, con tanto dinero y tantas regulaciones, estemos fallando en proteger un recurso tan vital? Este artículo destila los hallazgos clave de un informe del Tribunal de Cuentas Europeo para explicar por qué las políticas actuales no están funcionando. La respuesta reside en cuatro fallos interconectados que han creado un sistema que funciona perfectamente en el papel, pero que fracasa estrepitosamente sobre el terreno.

Tierra agotada, Políticas ineficaces.

#1. La gran ilusión: normas que cubren casi toda la tierra, pero no cambian casi nada

La principal herramienta de la Política Agrícola Común (PAC) es la «condicionalidad«, un conjunto de normas que los agricultores deben cumplir para recibir pagos. Su potencial es inmenso, ya que se aplican a un impresionante 85% de la superficie agrícola de la UE. Sin embargo, el informe revela una profunda paradoja: a pesar de su amplio alcance, los requisitos establecidos por los Estados miembros «exigían a menudo cambios escasos o nulos en las prácticas agrícolas existentes«.
El caso de los Países Bajos es un claro ejemplo de esta inacción programada. Durante seis años, entre 2016 y 2021, las autoridades nacionales «no detectaron ninguna falta de conformidad en cuanto a las tres normas relacionadas con el suelo«. El informe no lo interpreta como un éxito, sino como un «indicio de que tales normas no son exigentes«. El problema, además, es generalizado: la auditoría no encontró pruebas en ninguno de los cinco Estados miembros analizados de que la norma que prohíbe quemar rastrojos (BCAM 6) requiriera «algún cambio en las prácticas agrícolas existentes«.
Se ha construido un andamiaje burocrático que simula control mientras garantiza la inacción. Este diseño de normas para «cumplir sin cambiar» crea una falsa sensación de seguridad y sienta las bases para el siguiente fallo: un sistema de financiación que tampoco está diseñado para provocar una transformación real.

#2. Fondos mal dirigidos: el dinero no llega a los suelos más necesitados

Pero si las normas obligatorias son un tigre de papel, el sistema de incentivos voluntarios no es mucho mejor. El problema aquí no es la falta de exigencia, sino la pésima puntería: el dinero simplemente no llega a donde más se necesita. La auditoría encontró que «una proporción escasa de los fondos de desarrollo rural disponibles para las medidas voluntarias de la PAC se destinó a las zonas con los problemas más acuciantes relacionados con el suelo«.

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El diseño de estos programas es fundamentalmente defectuoso. Los Estados miembros no asignan los fondos basándose en una evaluación de lo necesario para alcanzar objetivos de mejora, sino en criterios logísticos como la «aceptación previa de medidas similares, los recursos financieros disponibles y la naturaleza de las necesidades identificadas«.

Esto conduce a una falta de ambición tan flagrante que los propios objetivos se vuelven irrelevantes. El informe lo resume de forma contundente: «Nuestro análisis sugiere que los Estados miembros establecieron objetivos muy poco ambiciosos para 2023. […] estos objetivos se alcanzaron en gran medida […] o que se sobrepasaron ampliamente […] en una etapa temprana del período.«
La prueba de esta baja ambición es abrumadora: en Alemania (Baja Sajonia), el objetivo se superó casi 14 veces, mientras que en Francia (Mediodía-Pirineos) se multiplicó por cinco. Esto no es éxito, es la evidencia de que los objetivos eran irrelevantes desde el principio, malgastando una oportunidad crucial para revertir la degradación del suelo.

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#3. Fuego amigo político: cuando una decisión de la UE sabotea a otra

A veces, el mayor obstáculo para una política de la UE es otra política de la UE. La propia Unión creó las condiciones para el desastre medioambiental al permitir que sus políticas económicas entraran en conflicto directo con sus metas ecológicas. El ejemplo más claro es la Directiva sobre nitratos, una ley diseñada para proteger la calidad del agua limitando la aplicación de
estiércol a 170 kg de nitrógeno por hectárea.
Sin embargo, la Comisión concedió «excepciones» a este límite a países con ganadería intensiva como Irlanda y los Países Bajos. El conflicto estalló en 2015, cuando la UE abolió las «cuotas lácteas», que durante décadas habían limitado la producción. El informe encontró una «fuerte correlación» entre el aumento del tamaño de los rebaños y el «excedente de nitrógeno» —la cantidad de nitrógeno que se aplica a la tierra por encima de lo que los cultivos pueden absorber y que acaba contaminando el agua— justo después de esa decisión.
En Irlanda, el volumen de estiércol aumentó un 27% en las explotaciones más intensivas, que eran precisamente las beneficiarias de la excepción. Mientras tanto, en las explotaciones menos intensivas, el tamaño de los rebaños disminuyó. La política fomentó la intensificación en el grupo exacto que ya era el mayor contaminante. En los Países Bajos, las explotaciones con excepciones son las que presentan el mayor excedente de nitrógeno. Una decisión política para liberalizar un mercado saboteó directamente la normativa medioambiental, agravando el mismo problema que pretendía resolver.

#4. El agujero negro de los datos: gobernar a ciegas

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Para que una política funcione, sus responsables necesitan saber qué está pasando. Sin embargo, el informe revela que la UE intenta gestionar esta crisis medioambiental con un panel de control lleno de agujeros. La Comisión necesita datos fiables de los Estados miembros, pero la realidad es que «faltan datos, o se facilitan datos incompletos, respecto a la mitad de los Estados miembros» en indicadores clave, como el número medio de cabezas de ganado o los balances de nitrógeno brutos.
Esta falta de información «socava la capacidad de la Comisión para evaluar la aplicación de los requisitos de gestión del estiércol en los Estados miembros«. Para agravar el problema, ocho Estados miembros ni siquiera proporcionaron previsiones sobre la calidad futura del agua, una herramienta esencial para prevenir la contaminación.
Este agujero negro informativo no es un problema técnico; es el motor que perpetúa el sistema. Sin datos fiables, es imposible demostrar que las normas de «condicionalidad» son ineficaces, que los fondos están mal dirigidos o que las políticas se sabotean entre sí. La UE no solo gobierna a ciegas; gobierna en una oscuridad que protege el statu quo y garantiza que los 85.000 millones de euros se gasten sin una rendición de cuentas efectiva.

Tierra agotada, Políticas ineficaces.

Conclusión: ¿Podemos Permitirnos Seguir Fallando?

El panorama es claro y preocupante. A pesar de un presupuesto masivo, la salud del suelo europeo sigue degradándose. La causa no es la falta de intención, sino un ciclo de disfunción que se refuerza a sí mismo: normas obligatorias demasiado laxas para provocar cambios, fondos voluntarios mal orientados que financian la inacción, políticas económicas que sabotean los objetivos medioambientales y una alarmante falta de datos que impide corregir el rumbo. Cada fallo apuntala al siguiente, creando un sistema perfectamente diseñado para fracasar.
Con el 70% de nuestros suelos en estado crítico, la pregunta ya no es si podemos permitirnos protegerlos, sino si podemos permitirnos el lujo de seguir implementando soluciones que solo funcionan en el papel. ¿Qué cambio radical se necesita para que las buenas intenciones se conviertan en tierra fértil y saludable para las futuras generaciones?

El paciente (el suelo) está grave. La medicina actual (la PAC) es un placebo. Necesitamos este tratamiento de choque ahora mismo.

Elodie Brans.


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