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Una película vale más que mil palabras [Especiales]

Publicado el 22 diciembre 2013 por Ahoracriticoyo @AhoraCriticoYo
Seamos sinceros... ¿Podéis imaginar otra cara que no sea la de Elijah Wood como Frodo cuando leéis pasajes de ESDLA ? ¿Alguien puede poner otra cara a Michael Corleone que no sea Al Pacino cuando lee la inmortal novela 'El padrino'? ¿Sois capaces de apartar el rostro de Linda Blair como Reagan leyendo 'El exorcista'? La respuesta es clara, no. La cuestión sobre si la adaptación al cine de una novela conlleva su fidelidad al autor de la misma, es una simple paradoja. La propia palabra, adaptación, presupone que el autor queda relegado, pasando sus personajes e historias al director o al guionista. Si lo que buscamos es una fiel plasmación de una novela en la pantalla, no hablaríamos de adaptaciones, sino de novelizaciones. Algo que sin duda acorta la vida tanto de la obra como de la película. 
Una película vale más que mil palabras [Especiales]

La cámara tiene el poder seductor que carece en las páginas de una obra escrita. Nosotros, al leer, somos el motor que da vida a rostros de personajes y lugares donde transcurre la acción. Les ponemos voz e intentamos saber cómo sienten. El ojo de la cámara es la llave que abre ese mundo secreto de las palabras. Nos lleva por su sendero. En nosotros está el aceptar ese lenguaje. El último caso lo tenemos en Peter Jackson. Unos le llaman hereje, quizás no recuerden el maravilloso trabajo realizado con ESDLA, otros (en los que me incluyo) le tildan de visionario. A raíz de esta polémica voy a tratar de exponeros casos similares a 'El hobbit' a lo largo de la historia del cine.


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Clásicos Mejorados


Querer acusar a Jackson de manosear la obra de J.R.R. Tolkien es llevar el fanatismo hasta límites insospechados. Si somos coherentes, no podemos valorar al mismo nivel un cuento como 'El hobbit' al estatus de gran novela de ESDLA. La saga fílmica que el director neo-zelandés llevó a la pantalla de forma espectacular, respetó en máximo grado la esencia y el espíritu del autor. Rebosa Tolkien por doquier. Es más, creo que supera en su intento, a la obra escrita. Son dos lenguajes irreconciliables, lo sé. Pero el efecto hipnótico de las imágenes, la creación física de los personajes, lugares donde desarrollan la historia y el enfoque global de la película, hacen que 'El hobbit: Un viaje inesperado' eleve un sencillo relato, con numerosas elipses e inconclusas escenas, a una excelente muestra de buen cine. Su segunda parte 'La desolación de Smaug' va más allá. 
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No sólo amplia de forma infinita las posibilidades del corto cuento. Sino que crea nuevos personajes, refuerza la información que nos brinda el relato, añade pasajes que agrandan la historia y sobre todo, transforma unas sencillas palabras en un extraordinario viaje de imágenes, sensaciones e imaginación desbordante. Jackson, Walsh y Del Toro (guionistas de la nueva saga) no eluden en ningún momento el mensaje de Tolkien. Hacen un esfuerzo por enlazar el empaque visual de ESDLA con esta nueva trilogía. Era necesario, casi hasta obligado, pues seguidores o no del mito Tolkien, todos esperábamos algo así.


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Mario Puzo dijo de la adaptación de su novela 'El padrino' (1972) que era insuperable. Prefería con los ojos cerrados la película a su propia novela. Mismo caso con 'El exorcista' (1973), de William Peter Blatty, la película hace olvidar la novela. En 1986, el mundo se quedó boquiabierto con la adaptación de 'El nombre de la rosa' (1986) de Umberto Eco. Hay numerosos ejemplos, al igual que 'El hobbit' de Peter Jackson, de películas que superaron a su novela de inspiración. La dieron vida, la elevaron a mito e incluso son más famosas por su versión fílmica que escrita. Unos ejemplos:

  • 'Blade Runner' (1982) Ridley Scott de '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Phillip K. Dick
  • '2001: una odisea del espacio' (1968) Stanley Kubrick de 'El centinela' Arthur C. Clarke
  • 'Desayuno con diamantes' (1961) Blake Edwards de 'Desayuno en Tiffany's' Truman Capote.
  • 'L.A. Confidential' (1997) Curtis Hanson de idem James Elroy.
  • 'El silencio de los corderos' (1991) Jonathan Demme de 'El silencio de los inocentes' Thomas Harris.
  • 'Lolita' (1962) Stanley Kubrick de idem Vladimir Nabokov.
  • 'Entrevista con el vampiro' (1994) Neil Jordan idem Anne Rice
  • 'Tener y no tener' (1944) Howard Hawks de idem Ernst Hemingway.
  • 'La historia interminable' (1986) Wolfgang Petersen de idem Michael Ende.
  • 'El club de la lucha' (1999) David Fincher de idem Chuck Palahniuk.
  • 'Cadena perpetua' (1994) Frank Darabont de 'The Shawshank Redemption' Stephen King.
  • 'La carretera' (2009) John Hillcoat de idem Cormac McCarthy.
  • 'Apocalypse Now' (1979) F.Ford Coppola de 'El corazón en las tinieblas' Joseph Conrad
  • 'El hombre que pudo reinar' (1975) John Huston de idem Rudyard Kipling.
  • 'La colmena' (1982) Mario Camus de idem C.J. Cela.
  • 'Doctor Zhivago' (1965) David Lean de idem Boris Pasternak
  • 'El resplandor' (1980) Stanley Kubrick de idem Stephen King.
  • 'Tiburón' (1975) Steven Spielberg de Jaws Peter Benchley.
  • 'El tercer hombre' (1949) Carol Reed de idem Graham Greene.
  • 'Drácula' (1992) F.Ford Coppola de idem Bram Stoker.
  • 'El mago de Oz' (1939) Victor Fleming de idem Frank Baum
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Son meros ejemplos de cuando un director supera al escritor. La lista podría ser interminable. La duda como siempre recae en los detractores que creen que inventarse, añadir o alargar pasajes de una novela para enriquecer un film es una forma de menospreciar al autor de la obra. Para cualquiera de estas películas arriba mencionada el escritor puede sentirse orgulloso de la visión que el director le dio a su creación. 


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La clave está en saber si el material con el que se va a hacer una adaptación es manejable, tiene consistencia. Y el otro factor indispensable es que detrás de la cámara haya un visionario. Jackson pertenece a esta clase. Ya lo demostró con la maravillosa adaptación que hizo de 'Lovely Bones' (2009) de Alice Sebold. El saber trasladar las palabras, manejarlas para crear un universo expandido está en manos de muy pocos a la hora de trasladar a imágenes una novela.


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Desastres Inolvidables


Del mismo modo que Peter Jackson ha aumentado (para bien) la novela de 'El hobbit', hay numerosos casos de bochorno general. Directores y productores que han cogido el éxito del año en las librerías para convertirlos en fenómenos pasajeros, con la única excusa de hacer caja. Jackson, es evidente, también lo hace, pero tiene el talento suficiente para saber que su material es bueno, sólido. Que hará taquilla pero con la certeza de entregar al público un soberbio trabajo. Otros desalmados, sí que han violado las palabras de los escritores en maquiavélicos engendros enfundados bajo el manto de "basada en la novela de...".
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No puedo olvidar los malos tragos de adaptaciones como 'Eragon' (Stefen Fangmeier), 'La historia interminable 2' (George Miller), 'La máquina del tiempo' (Simon Wincer), 'La reina de los condenados' (Michael Rymer), 'Soy leyenda' (Francis Lawrence), 'El consejero' (Ridley Scott), 'Alicia en el país de las maravillas' (Tim Burton), las múltiples versiones de obras de Stephen King ('Christine', 'El cazador de sueños', 'Miedo azul', 'Sonámbulos'... hay tantas). Todas ellas con el inconfundible sabor de creerse merecedora de una suerte mejor por llevar entre los títulos de crédito a un autor renombrado.
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Fenómeno Acné


Caso aparte son las perniciosas versiones de género "teen" que tan de moda se ponen cada cierto tiempo. Las épocas de estas sagas adolescentes van por ciclos. Se copian, se auto-plagian, vuelven a copiarse, se crean iconos pasajeros... cualquier excusa es válida para plasmar en pantalla estos terribles crímenes contra el cine. De por sí ya cuentan con una pobre semilla que pueda germinar en un cine. El material escrito es simple, tópico y remite siempre a los mismos valores (adolescencia, retos insuperables, amores imposibles y algún que otro poder cautivador). Los 'Harry Potter', 'Crepúsculo', 'Cazador de sombras', 'Juegos del hambre', 'Percy Jackson', 'Crónicas de Narnia', 'Brújula dorada', 'Host'... todas tienen el mismo patrón, idéntico denominador común: la estupidez del público. Masas y masas ingentes de población que se agolpan por ver físicamente a sus personajes favoritos en pantalla. Sin importarles un ápice si el libro era o no mejor. Los fans más auténticos a mi pesar, pues nunca reniegan de su adaptación fílmica.
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Con Peter Jackson se está tratando de hacer una caza de brujas por el mero hecho de mejorar un cuento (apenas 200 pags.) llevarlo por cauces que engrandecen el producto, siempre con la imaginación puesta de cara al espectador, a sabiendas que el 99 por ciento son lectores fieles de Tolkien. Él demuestra que el mayor respeto que podía hacer a 'El hobbit' era conducirlo por el camino que encumbró aún más si cabe a ESDLA. Si la primera parte achacaba algunos defectos de forma (que no de contenido), en esta segunda parte ha logrado eclipsar con la prodigiosa puesta en escena, reflejar en pantalla aquello que sólo podíamos imaginar (al dragón Smaug) pero sobre todo, con detractores por medio, continuar un viaje apasionante a la Tierra Media como jamás alguien ha sabido reflejar con una cámara.


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