Revista Cultura y Ocio

...y tres, el palau macaya

Por Conxita Piñero @BCNHorasOficina
Cuando a principios del pasado mes de diciembre coincidí casualmente con Juanjo de Món Barcino en los FGC camino de Valldoreix, y me preguntó que si había visitado en alguna ocasión la Casa Macaya, tras mi negación me informó que desde hace un tiempo se están organizando visitas guiadas al edificio cada último jueves de mes, y que en diciembre, debido a las fiestas de Navidad, la última visita estaba prevista para el día 19, por lo que todavía estaba a tiempo de apuntarme: cosa que hice al día siguiente, enviando un correo a la dirección electrónica [email protected]. A vuelta de correo me confirmaron la inscripción y me indicaron que la visita empezaría a las 19h en el vestíbulo principal del edificio, y que tendría prevista una duración de alrededor 45 minutos.
El día 19 amaneció lluvioso y frío, y aunque ya sabemos que las tardes de diciembre acostumbran a oscurecer temprano, todos los inconvenientes climatológicos no impidieron que pudiese acudir a la cita. A la llegada nos dio la bienvenida Marta Urrios, encargada de la gestión del proyecto, y una vez llegados el resto de participantes, nos presentó a quienes iban a ser nuestros guías, Diego y Ana, un arquitecto y una apasionada del modernismo.

...Y TRES, EL PALAU MACAYA

Fuente: EFE. Alberto Estévez. 23/10/2012

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Cuando oímos hablar de las actividades que desarrolla la Obra Social "la Caixa" en Barcelona, nuestro pensamiento vuela inevitablemente hacia CaixaForum y CosmoCaixa, pero casi nadie las relaciona con la Casa Macaya. Pues bien, si CaixaForum es un espacio dedicado a la cultura, y Cosmocaixa es el que se ha dedicado a la ciencia, el EspaiCaixa Macaya es ese tercer lugar en el que no solemos pensar y que, desde su apertura al público en octubre de 2012, está dedicado a promover iniciativas, basadas en la reflexión y el diálogo, que ayuden a implementar la sostenibilidad económica, social y medioambiental de cara al futuro. Algo que se conoce con el nombre de Recercaixa, pero que me tomo la libertad de rebautizar como el “CaixaForum social”. Uno de los primeros pasos que han llevando a cabo es abrir la Casa Macaya al público en general, y hacer que todos aquellos que estén interesados puedan conocerla.
Para ello, han ideado un proyecto en el que participan tanto profesionales del campo de la arquitectura y el arte, como personas de a pie simplemente apasionadas por el modernismo, que integran un grupo de trabajo dedicado a estudiar detalladamente la historia y la arquitectura de la Casa Macaya, para después compartirlas con el público asumiendo el papel de guías en las visitas al edificio. Aunque ya hace un tiempo que funciona, tal y como nos comentaron, el grupo no deja de seguir abierto a todas aquellas personas que quieran aportar su granito de arena y sumarse a la iniciativa. Esta especie de palacio urbano seguramente guarda interesantes anécdotas y secretos ocultos entre sus paredes, que todavía están por descubrir.
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Tal y como ocurrió con la Casa Batlló, la Casa Milá, la Casa Amatller o la Casa Lleó Morera, la construcción de la Casa Macaya fue un proyecto que un rico empresario de la época, Román Macaya i Gibert, encargó a uno de los arquitectos de renombre de la época, Josep Puig i Cadafalch, siguiendo la moda de finales del XIX y principios del XX que obligaba a los miembros de la rica burguesía barcelonesa a hacerse con un edificio en el Ensanche de Barcelona que empezaba a configurarse, con la finalidad de exhibir públicamente su poder económico. Pero, según nos explicaron nuestros guías, mientras que Antoni Amatller, Francesca Morera, Josep Batlló o Pere Milà apostaron por mandar construírselos en el Passeig de Gràcia, ya que era una de las avenidas que tenía visos de convertirse en una de las más elegantes de la ciudad (como finalmente así ha sido), el señor Macaya optó por elegir el Passeig de Sant Joan, otra gran avenida próxima al lugar donde se había celebrado la Exposición Universal de 1888.
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Respecto a la casa en sí, os recomiendo que no dejéis pasar la oportunidad de visitarla si tenéis ocasión. Uno de los detalles que más me llamaron la atención, quizá por lo inesperado, es el paralelismo que guarda la estructura del edificio con la de los palacios medievales que se pueden encontrar en diferentes partes del barrio gótico, especialmente en la calle Montcada.
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Siguiendo esa típica estructura medieval, las habitaciones principales estaban distribuidas alrededor de un gran patio central, y a las que se accedía a través de una escalera que partía del patio, junto al cual estaban las caballerizas y el jardín posterior. En la parte superior, según las fotografías que nos mostraron, se construyó la característica galería aireada, con las que se solían finalizar los edificios medievales, y que servía para mantener el grano a resguardo de las inclemencias del tiempo y de los posibles roedores.
A pesar de esa similitud con los palacios medievales y la austeridad de las fachadas, estucadas en blanco, no faltan abundantes elementos arquitectónicos y decorativos propios del modernismo, que dejan constancia de los trabajos realizados por los ejércitos de artesanos que acostumbraban a intervenir durante las construcciones. Destaca la escalera exterior cubierta y muy ornamentada, diferentes motivos florales y alegóricos, elementos clásicos y arabescos en columnas y capiteles, esgrafiados, trabajos de forja en ventanas y balcones y, sobre todo, la presencia de una gran tribuna corrida en el primer piso, abierta al exterior y desde donde se podía ver y ser visto.
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Otro elemento característico de las construcciones modernistas de la Barcelona burguesa, y que también podemos ver perfectamente reflejado en la construcción de la Casa Macaya, es la tendencia de reservar la planta principal del edificio a la vivienda de la familia propietaria, y destinar el resto del edificio a pisos de alquiler, a los que se podía acceder desde una escalera diferente a la de los propietarios.
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La planta principal conserva muy pocos elementos de la distribución y la decoración original, pero no por ello deja de transmitir la elegancia y la distinción que seguro que tuvo durante los cerca de catorce años en que la habitó la familia Macaya.
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Por lo que he podido indagar por mi cuenta, Román Macaya i Gibert (Barcelona, 1844-1923), que actualmente tiene dedicada una calle en la parte alta de Barcelona, además de dedicarse al negocio del café y del chocolate, era propietario de los terrenos donde se construyó el parque del Tibidabo, y junto al Dr. Salvador Andreu i Grau y otros socios fundó la Sociedad Anónima El Tibidabo, empresa que se encargó de urbanizar la montaña. Además fue uno de los miembros de la Junta directiva de la Exposición Universal de 1888, de lo que me he tomado la libertad de suponer su predilección por el Passeig de Sant Joan, frente al Passeig de Gràcia. Casado con Maria del Carmen Sanmartí, tuvo dos hijos, Román y Alfonso, éste último primer presidente del Club de Golf Terramar de Sitges y del Real Club de Tenis Barcelona. No obstante, esta información la dejo en cuarentena, ya que no he podido contrastarla y confirmar que se trata de la misma persona, por lo que agradecería cualquier aportación al respecto.
Cualquier visita guiada a un lugar como la Casa Macaya no estaría completa si no estuviera acompañada del relato de alguna que otra anécdota. Pues bien, en nuestra visita la anécdota más que oírla, la visualizamos. Resulta ser que Josep Puig i Cadafalch simultaneó la construcción del edificio con el de la Casa Amatller, y para poder desplazarse y controlar el desarrollo de ambas obras, solía usar una bicicleta. Seguramente no voy a descubriros ningún secreto, pero si pasáis frente a la puerta principal de acceso al edificio, no dejéis de observar los relieves en piedra que hay en la parte superior izquierda. Veréis a un ciclista esculpido, que no es otro que Puig i Cadafalch… ¡Un precursor del bicing!
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Tras más de una década de vivir en el palacio, la familia Macaya vendió la propiedad al industrial reusense Juan Vilella Estivill quien en 1947, tras haber sido usada como prisión durante la Guerra Civil y sufrir muchos desperfectos, se la revendió a la Caixa que, tal y como he explicado al principio, ha decidido apostar por transformarla de Palacio elitista y burgués, a un espacio para la innovación y la participación de la sociedad.
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Para saber más:
La historia de EspaiCaixa Palau Macaya
Palau Macaya. Conoce el centro. Obra Social "la Caixa"

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