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Crítica de TV: `Hatfields & McCoys´

Publicado el 04 julio 2012 por Lapalomitamecanica
El espíritu de Deadwood regresa a la pequeña pantalla
Crítica de TV: `Hatfields & McCoys´
Nota: 7
Hatfields & McCoys ha sido uno de los eventos del año en Estados Unidos. Estrenada en una fecha tan estudiada como El día de los caídos -celebrado desde el fin de la Guerra Civil-, la miniserie ha reunido durante sus tres entregas a una media de 14 millones de espectadores, todo un hito para estar hablando de televisión por cable solo superado por las marcas de High School Musical 2 en 2007. De todas formas, en Estados Unidos, este relato basado en hechos reales se vende solo precisamente por eso, porque es historia reciente. Puede que por aquí el enfrentamiento de estos dos clanes de forajidos no sea demasiado conocido -tampoco debería-, pero en el país de las barras y estrellas, la rivalidad entre la familia Hatfield y el clan McCoy está tan incrustada en la cultura popular que incluso se antoja imposible realizar un estudio de las consecuencias que trajo consigo la Guerra Civil estadounidense sin mencionar el conflicto. Hablamos de tres décadas de enfrentamientos abiertos entre dos familias que luchando por su honor se introdujeron en una espiral de asesinatos, venganza y traición que ni el mismísimo Shakespeare podría haber imaginado.
Tras el salto, el análisis completo de la miniserie Hatfield & McCoys.
Hacía mucho tiempo que las balas no levantaban el polvo suficiente en televisión, que las miradas de los curtidos forajidos no eran tan penetrantes, que la vida humana no daba la sensación de ser tan efímera y prescindible o, en definitiva, que el salvaje oeste no perdía ese aura mitificada en favor de una historia labrada entre odio y plomo... concretamente, desde Deadwood (2004-2006). Por muy buenas intenciones que hayan podido tener acercamientos recientes al western en televisión como Hell on Wheels, la obra injustamente inconclusa de HBO sigue siendo el referente indiscutible sobre cowboys catódicos modernos como Sin Perdón lo es a los cinematográficos. Ese podio no va a cambiar tras la llegada de  Hatifelds & McCoys, pero es todo un gustazo encontrarse con una producción que ha sabido captar esos valores que hicieron grande a Deadwood para incorporarlos a su propia historia. Y qué historia.
Crítica de TV: `Hatfields & McCoys´
Para que os hagáis una idea de la repercusión de este relato en la sociedad estadounidense, los apellidos aún se usan para referirse a un conflicto de difícil solución, e incluso los descendientes de ambas familias gozan a día de hoy de cierta notoriedad pública y participan activamente en los actos conmemorativos de los hechos que nos narra la miniserie. Y quizás sea por esa inexorable unión entre los acontecimientos aquí descritos y el acervo norteamericano que ciertos aspectos, como las motivaciones durante la guerra o las caracteristicas de la división norte-sur, se dan por asumidos para el espectador obligando al más inexperto a profundizar en el tema para desgranarle todo el jugo a la producción. Porque por mucho que estemos ante un thriller cargado de acción y giros, la característica que ha ligado esta rivalidad a la historia de Estados Unidos y la razón por la que se estudia en los libros de texto es la encarnación de cada familia en uno de los lados del conflicto y como su enfrentamiento mantuvo vivo el espíritu de la contienda durante casi tres décadas después de que esta terminara.
Cuenta la leyenda que la enemistad entre los dos cabezas de familia comenzó cuando Anderson `Anse´ Hatfield (Kevin Costner), después de terminar él solo con un batallón enemigo, decidió desertar del ejército Confederado para regresar con su familia. Su hasta entonces amigo Randall McCoy (Bill Paxton) intentó deternerle, pero su estricta fe cristiana le impidió denunciar a su vecino. El desencuentro se agrandó cuando Randall regresaba años después visiblemente traumatizado y descubría no solo que Anderson había labrado un imperio con el que abastecer a los suyos, sino que un Hatfield había asesinado a su hermano por pertenecer al ejercito de la Unión como la mayoría de los McCoys. Esos dos acontecimientos son solo el comienzo de una serie de desencuentros que se van agravando hasta terminar en una guerra abierta con amplia resonancia en los medios de la época y que ha dejado figuras legendarias como `Bad´Frank Phillips, el mercenario contratado por Randall para terminar con Anse. En realidad, ninguno de los dos patriarcas buscaba llegar hasta las últimas consecuencias, y ver como la situación se les escapa de las manos a  lo largo de los años es uno de los mayores alicientes de la función gracias a un guión muy bien medido que, no obstante, es incapaz de salvar algún tópico como la relación "romeojulietera" entre Johnse Hatfield (encarnado por el sosías de Ryan Gosling que es Matt Bar) y Roseanna McCoy (Lindsay Pulshiper) durante el segundo capítulo, el más flojo de todos.
Crítica de TV: `Hatfields & McCoys´
Nos encontramos ante un esquema que podría parecer una revisión de Los Duelistas (el debut y una de las mejores películas de Ridley Scott) y que viene dado por la naturaleza histórica de los hechos, pero el evidente interés que produce siempre ver a dos personajes carismáticos enfrentados de por vida es solo la punta del iceberg de buenos valores que contiene esta miniserie. Como decimos, el libreto no solo acierta con la narración cronológica de los hechos, sino que describe a uno de los mejores grupos de forajidos vistos jamás en pantalla. Por supuesto, el más potente de todos ellos es el encarnado por Costner, productor ejecutivo de la función. Anderson Hatfield era apodado `Devil Anse´ porque, según decían, los cadáveres que dejaba a su paso se quedaban con la mirada de aquel que ha visto al diablo. Se trata de un rol que encarna varias capas de la filosofía que cimentó Estados Unidos al pasar de ser un despiadado bandolero y guerrillero a convertirse en uno de los empresarios más fructíferos de la época y presencia regular en los tabloides. 
Irónicamente, y aunque a Costner un personaje frío como el hielo le venga al pelo, en el plano interpretativo el que se lleva la palma es Bill Paxton encarnando al laconico Randall, que nunca dejó de ser un campesino extremadamente religioso al que le tocó vivir una vida llena de desgracias por enfrentarse contra uno de los hombres más peligrosos de su tiempo. Los que tampoco se quedan a la zaga son un irreconocible Tom Berenger como el badass Jim Vance, la eterna secundaria -y adolescente- Jena Malone (Donnie Darko) o el gran Powers Boothe (24, Los Vengadores), que conforman un reparto magníficamente dirigido por un experto en aventuras cinematográficas como es Kevin Reynolds (Robin Hodd, Príncipe de los Ladrones y La Venganza del Conde de Montecristo), que ha encontrado en la televisión un refugio inmejorable tras ver hace ya casi dos décadas su carrera irremediablemente tocada -y hundida- por Waterworld.
Crítica de TV: `Hatfields & McCoys´
Los que nos encontramos en Hatfields & McCoys, en definitiva, no es solo una lección de historia tan apasionante en su exposición como en sus lecturas, sino también la última mal llamada resurrección de un género al que muchos acusan de muerto pero que otros acercamientos recientes como Open Range, del mismo Costner, o nuestra Blackthorn, han demostrado que aún es capaz de brillar como antaño entre la fiebre por los superhéroes y las adaptaciones fantásticas. Porque no hay mejor motor para un relato que la narración sin florituras de lo que es capaz de hacer un ser humano corriente cuando el odio irracional se convierte en la única razón para levantarse por las mañanas. Una motivación que siempre ha encontrado su mejor escenario en el salvaje oeste y que con esta adaptación ya no deja excusa posible para no conocer una de esas historias reales que inspiraron a todo un género.

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