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De cómo se fabrica un escritor en trece etapas

Por Peterpank @castguer

De cómo se fabrica un escritor en trece etapas

1.    Estos juegos puede hacerlos en solitario o con sus amigos, en su casa o en las pesadísimas sobremesas con sus tíos o sus suegros. Servirán precisamente para evitar aquello del ozio lungo d’homini ignoranti.

2.    Partamos de la idea de que un escritor ha sido primero un lector. Anote los títulos de todos los libros que ha leído en su vida. Si los tiene a mano, separe los publicados por PRISA y Planeta en un montón aparte.

3.    Medite sobre si los libros de los dos montones le parecen igual de buenos. Considere si el estilo de los publicados en otros países es de la misma calidad que el de los españoles. Éstos últimos, si han aparecido en los últimos treinta años y han obtenido algún premio importante, probablemente pueda tirarlos al cesto de los papeles o a la chimenea o pintarrajearlos, lo que prefiera. Sus hijos y nietos le agradecerán que los inicie en el reciclaje del papel impreso.

4.    Busque en Google fotos de Jesús de Polanco y José Manuel Lara, imprímalas y haga un recortable con las caras de ambos y distintos vestiditos. Intercambie las caras y los trajes. Recorte igualmente fotos de escritores españoles famosos sonriendo y posando en fiestas y entregas de premios. Pínteles bigotes, cuernos y rabo. Anote los rasgos más llamativos de paletería y provincianismo. Pegue los recortables que ha confeccionado sobre fotos de Nueva York, Londres o París y observe el resultado.

5.    Vaya al cubo de los papeles y tome un libro de Javier Marías que ya desechó en el punto (3). Subraye primero en color gualda las repeticiones que encuentre de la misma palabra y en especial el pronombre YO. Después, en rojo, las frases sin verbo o los verbos sin frase. Arranque la hoja cuidadosamente: obtendrá una bonita bandera de España para lucir en las ocasiones de victoria futbolística de de la selección. Por último, tome los demás rotuladores y destaque en distintos colores las faltas de concordancia, de lógica, gramaticales o de sentido común. Descubrirá que a las pocas páginas habrá gastado todos los colores del estuche y tendrá que comprarse otro.

6.    Si encuentra también en la basura novelas de Muñoz Molina, destaque las comparaciones estúpidas y las meditaciones vulgares y sin sentido. Recorte párrafos de Muñoz y de Manolito Gafotas y mézclelos con una batidora de vaso: obtendrá una novela de Marías para regalarle a su cuñado o cuñada.

7.    Arranque las pastas de los libros que tiró previamente. Combínelas con otros libros desencuadernados y vuélvalas a pegar. Regale los nuevos ejemplares a las personas que peor le caigan en su trabajo o acuda a la próxima feria del libro y haga que los autores de las nuevas portadas le firmen los ejemplares. Si son primeras ediciones, véndalos a un librero de viejo y por lo menos sacará para comprarse un periódico deportivo.

8.    Si todavía no ha podido deshacerse de esos libros, vuelva a arrancar las portadas que pegó. Guillotine en cualquier copistería las hojas para que parezcan páginas sueltas. Si dispone de un buen escáner, páselas por el programa de reconocimiento de texto, déles cualquier formato (a poder ser sin activar el corrector automático) y envíelas bajo plica a los próximos premios Planeta, Alfaguara, etc. Es posible que, a su debido tiempo, vuelvan a salir premiadas o que no. Si no las premian de nuevo es que el premio que obtuvieron en su día no era a la novela sino al autor y porque éste ya era famoso por otra cosa o amigo del editor. Si, por el contrario, reciben otro premio, es que los jurados ya no saben lo que se hacen y todo sigue igual que siempre. Lo más improbable es que nadie recuerde aquellos textos olvidados de hace una o dos décadas. En el raro caso de que lo acusen de plagio, dirá que el lo cometió el verdadero autor: a usted no le pasará nada porque ningún juez podrá distinguir el estilo de unos y de otros, puesto que no tienen ninguno.

9.    Si es usted un jugador avanzado y ha superado los ejercicios anteriores, podrá someterse a la siguiente prueba, que podría resultar peligrosa para su salud: renuncie a su trabajo, véndalo todo y haga testamento. Enciérrese en casa, arranque las hojas de todos sus libros españoles en el patio de su casa, avéntelas, fabrique libros contrahechos con las páginas o los párrafos intercambiados y léalos todos. Compare su efecto con el que le causaron los libros originales en su primera lectura hace varios años, si es que le causaron alguno. Tome notas, aunque no tengan sentido. No se asuste si empieza a comprender las cosas con alguna dificultad. Tome Valium y Biodramina y acuéstese. Si al día siguiente siente deseos de escribir una novela, reprímalos y acuda a un especialista. Si, pese a todo, aún se levanta al tercer o cuarto día con ánimos de ser novelista, pero es incapaz de hilar una frase; si se muestra irritable con todo el mundo y echa sermones a amigos y extraños, vaya al espejo y mírese: vea si está medio calvo y tiene cara de sietemesino del Asia Central. Extraiga de sus carpetas la foto de Marías que recortó en el punto (4) y compruebe si se parece en algo a él. Si la respuesta es afirmativa, puede que usted tenga la vida resuelta como novelista de éxito aunque no sepa ni atarse los zapatos. Para cerciorarse del todo, arranque su coche y trate de conducir o encienda su ordenador: si es incapaz de usar ambos, usted es un nuevo Marías. Prepárese para una lluvia, un diluvio de premios, que le llegarán desde países cuya existencia usted desconocía. Debe acudir inmediatamente a un sastre y hacerse alguna ropa inglesa, a ser posible de tweed. Forre las paredes de su casa de estanterías con libros o con imitaciones de libros. Si no pudiera conseguir tantos, haga empapelar las paredes con fotos de muebles llenos de libros. Cómprese una escalerilla como para llegar a los estantes más altos y siéntese en ella cuando le tomen fotos. Finja que está siempre leyendo en esa percha tan incómoda. Adopte una pose de intelectual ofendido, aunque nadie le haya hecho nada. Abomine de todo. Hable siempre de sí mismo. Diga que la novela ha muerto o que el autor ha muerto o que todos han muerto. Ponga títulos absurdos a sus libros y divague acerca de lo difícil que es narrar cualquier cosa, hasta la más nimia. No acepte crítica alguna, sea dogmático, agrio y descontentadizo. En poco tiempo conseguirá que sus lectores y la crítica a sueldo lo consideren su dios. Por arte de magia, ya que usted no sabe usar un ordenador ni Internet, surgirá un blog con su nombre donde unos becarios habrán escrito su hagiografía. Verá sus fotos sonriendo ante un muro de libros. Leerá ahí que es DIOS para sus lectores. No se asuste ni se ría; actúe normalmente.

10.    Si, por el contrario, tiene cara de hombre de pueblo y le ha crecido una barba horrible, como rapada a trozos, entonces es que se ha convertido en un clon de Muñoz Molina. En tal caso le aconsejamos que no trate ni de hablar en inglés ni de comer sopa con la cuchara: tendrá que sorberla directamente del plato. Quédese callado en las reuniones y no se mueva de un rincón. No se acerque bajo ningún concepto a ninguna mujer que se llame Elvira; bueno, mejor a ninguna mujer en absoluto. Le sentarán mal las corbatas, los trajes, las buenas lecturas, las gramáticas y los diccionarios. Llevará siempre calzoncillos antiguos, largos, en invierno y en verano. Cuando viaje a otros países, tratará de recoger sus impresiones en artículos aburridísimos pero llenos de suficiencia. Quizás el nuevo gobierno le conceda a dedo un puesto de gestor cultural, pero no es probable; resígnese. Dará algunas conferencias en los Institutos Cervantes de medio mundo y tendrá que encargarse un chaqué porque lo nombrarán académico, quiera o no. Su mejor obra será un librito con recuerdos de la mili, así que hable siempre de ella aunque no la haya hecho. Tendrá que opinar sobre la novela en España y en el mundo, a pesar de que no se le ocurra nada. Critique a los escritores que estén ya muertos. Finja que es de izquierdas. Pontifique sobre lo que no sabe en El País y luego publique sus columnas en una antología infumable.

11.    Antes era usted un nombre y ahora ha cambiado de sexo, o eso parece; si ya era una mujer, vea si ha cogido mucho peso. Vaya a la cocina de su casa y abra el frigorífico: si encuentra muchos kilos de tomates y pimientos, mollejas, criadillas, chanfaina y porquerías parecidas, lo sentimos por usted pero se ha convertido en Almudena Grandes, la dama de sebo de la novela española. En ese caso, resígnese, porque nunca escribirá nada que valga la pena: charlas de comadres, banalidades de la cola del mercado, tonterías de peluqueras y manicuras. Su marido vestirá siempre de pana, se creerá poeta y presidirá miles, millones de jurados de poesía. Entre los dos coparán hasta los nombres de las calles de los pueblos. Al igual que en el punto (10), fínjase progre, hable como la gente de la calle, escriba peor y llene de palabrotas sus libros. Escriba mucho culo, teta, coño, etc., pero sobre todo dedique varias páginas a las pollas acojonantes y a las nalgas frutales de sus personajes, siempre bien dotadas y comestibles. Cuando no hable del miembro viril o del trasero, hable de comida, en las novelas y en las gacetillas de los periódicos que le encargarán, aunque usted no sabrá muy bien por qué. Y empéñese en escribir novelas históricas, a ser posible sobre la guerra civil, que está de moda y vende mucho.

12.    Si ha superado todas las pruebas anteriores y pese a todo aún es usted mismo, puede que todavía sepa escribir decentemente. Queme todos los libros del montón de la planetería y la polanquería y entierre las cenizas. Siembre de sal el suelo. Dedique algunos ratos a cultivarse, a viajar y a leer buenos libros: los que no tengan ningún premio de consideración o hayan sido traducidos de otras lenguas. Si algún día siente el deseo de acercarse a la novela y de tener una voz y un estilo propios, no deje de intentarlo, pero siempre con modestia y con muchas lecturas a la espalda. No acepte que nadie dirija sus esfuerzos hacia ningún territorio comercial. O por lo menos no lo haga con la truculenta vulgaridad de los autores de los puntos (4) al (11).

13.    Si, por el contrario, no ha aprendido usted nada de todo lo anterior, entonces es que ha nacido para ser editor en España. Salga a la calle y cómprese un libro titulado Cómo tener éxito en el negocio literario sin saber nada de literatura, de J. de Polanco y J. M. Lara (Madrid-Barcelona, 1939), donde hallará las recetas más eficaces para hacerse millonario en un ramo para usted desconocido y hostil. Siga las enseñanzas de esos autores al pie de la letra aunque le extrañen los procedimientos: presuntas novelas de escritores que no lo son, premios amañados, antiliteratura, nihilismo, cinismo, falsa crítica, blogs demenciales, perversión del gusto lector, censura, suplementos culturales sin contenido, congresos universitarios sin sentido, traducciones absurdas, canonización de escritores malísimos, prostitución de las academias y los jurados internacionales, complicidad de la Casa Real y el Ministerio de Cultura …  Haga como si la literatura no fuera con usted; conviértase en un vendedor de libros. Compre uno o dos periódicos en quiebra y úselos para hacer propaganda de sus productos. Memorice la siguiente frase: el libro es siempre una mercancía, una mercancía, una mercancía…

Coitus Interruptus


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