Revista Arte

El Génesis según Sebastião Salgado.

Por Alejandra De Argos @ArgosDe

Autor Colaborador: Marina
Licenciada en Historia del Arte
Universidad Computense Marina

 

 

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La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. (Gen 1, 2-3)

CaixaForum Madrid exhibe hasta el 4 de mayo, 245 instantáneas de la serie Génesis de Sebastião Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944). Es el testimonio de uno de los fotógrafos más relevantes de hoy, -premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998, estuvo en la agencias Sygma, Gamma y Magnum antes de fundar su propia agencia, Amazonas Images-. Con esta exposición retrata los confines de la tierra a través de los ocho años que duraron sus 32 viajes, justo antes de cumplir los setenta años.

Del primer contacto con las fotografías de Salgado nos capta su contundente poder estético. Además, y muy poco a poco, nos van inoculando, con un ritmo parecido a las pisadas de sus elefantes, un mensaje no menos potente: Esto que estas viendo es el 46 por cien del planeta que aún se mantiene virgen, y que está ahí, como el primer día del Génesis.

Decidimos entonces ahondar en el pensamiento y en la biografía de este artista ciertamente convencidos de que alguien como Sebastião Salgado debe tener mucho que decir sobre una zona de la vida y del corazón que sólo se ofrece a quienes tienen una determinada manera de mirar el mundo. Un ritmo, una coherencia, una pasión. Y descubrimos que es su viaje interior el que nos interesa.

Salgado es un hombre de mirada muy clara y habla pausada; su inglés tiene un atractivo deje portugués brasileño y su voz lenta no proviene de dudas en el lenguaje sino de que es un hombre que ha visto mucho y, sobre todo, un hombre que ha mirado bien. Elige sus respuestas y sabe contarlas.

 

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Como todo buen fotógrafo tiene un pacto con la lentitud. "Yo camino mucho, realizo parte de mis reportajes a pie porque en ese tiempo miro y siento la vida, la naturaleza. Lentamente. Si no se produce un cortocircuito. La esencia muchas veces está en las curvas, en las vueltas que das, no en la línea recta". Por eso compara a los fotógrafos con los cazadores. Ambos viven en la espera, inmersos en procesos auténticos. "Hay que experimentar el placer de esperar".

Hasta el proyecto Génesis, Salgado sólo se había dedicado a fotografiar a la especie humana, y de ella, como de todas las especies animales, tiene una mirada distinta, más amplia, más real y de la que, de verdad, nos gustaría aprender. " He comprobado que, a veces, allí donde la vida crea, se prepara la muerte. En Kazajistán, las mismas industrias producían el fosfato utilizado como fertilizante agrícola y como napalm, un arma muy eficaz en la guerra. En Bangladesh, a partir del mismo tejido ancestral del yute, se fabrican los sacos para los cereales y los famosos sacos que se rellenan de arena con los que los combatientes construyen sus trincheras. Bajo el impacto de las balas, el saco de yute se cierra sin dejar salir la arena que protege a los soldados".

 

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Escuchando y entendiendo su biografía, comprendemos que Salgado es uno de esos personajes que nos gustaría que conformaran la primera visión del mundo y del hombre que tienen nuestros hijos. A la edad en la que les domina el ansia de saber y buscan las respuestas en los cuentos y las imágenes, sería bonito poder sentarles en el suelo y dejarles escuchar mirando desde su pequeñez a un sabio en cuyos ojos de cazador lento de imágenes se leen historias auténticas: "En Etiopía hice 850 kilómetros a pie. Descubrí que toda la tierra fértil de las orillas del Nilo salió de allí. Hice un viaje a una comunidad cristiana, donde estuvieron los primeros judíos de Egipto. Fue como viajar al Antiguo Testamento. Aquel fue mucho más que un viaje de 850 kilómetros, fue un viaje de 6.000 años a mi interior".

De mi tierra a la Tierra (La Fábrica), es su libro de memorias. En él cuenta cómo el proyecto de Génesis empieza en las Islas Galápagos, tras las huellas de Darwin, guiándose por El viaje del Beagle. Allí aprendió que el hombre no es la primera especie dotada de racionalidad. Y narra algunas escenas desconcertantes. En los alcatraces comunes, a la hora de aparearse, es la hembra la que elige al macho. Ellos se presentan ante ella, bailan, abren las alas, enseñan su cuerpo. Cuando ella decide seguir a alguno de ellos, salen volando juntos, dan una vuelta de unos quince minutos y después aterrizan. Así uno tras otro, la hembra deja que le hagan la corte y después escoge a uno. Durante esa estación, sólo ese será su compañero y con quién habrá decidido concebir a sus crías.

 

    

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 ALBATROS DE CEJA NEGRA EN EL ARCHIPIÉLAGO DE LAS ISLAS WILLIS. GEORGIA DEL SUR. 2009.

 

El primer libro de la Biblia recibe en hebreo el nombre de su palabra inicial: Beresit ("en un principio"). Génesis es el nombre que la versión griega dio al libro, atendiendo a su contenido "el origen" del mundo y del hombre. Salgado no cree en Dios pero con Génesis quiso mostrar "la dignidad, la belleza de la vida en todas sus facetas. Y el hecho de que todos compartimos el mismo origen". Entonces vuelve a su época en Galápagos para contarnos cómo un día observando una iguana, se fijó en sus patas delanteras. Su imaginación le llevo a compararlas con la mano de un guerrero de la Edad Media enfundado en su cota de malla y comprendió la similitud entre las especies. El encuentro con la iguana confirmó el título que quería dar a su proyecto: Génesis.

A nosotros viendo esta foto, mientras recorremos las salas frente al Jardín Botánico, y recurriendo de nuevo a la mentalidad de nuestros niños, nos ocurrió lo mismo ¡¿Es la mano del Rey Arturo, o más bien la de Ironman?!

 

 

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 IGUANA MARINA, GALÁPAGOS, ECUADOR, 2004

 

Salgado nació en una granja del interior de Brasil, allí aprendió a ver y a amar las luces, se crió con cielos cargados de nubes y tormentas a través de los cuales se filtraba la luz. Pasó su infancia entre enormes extensiones de terreno, arroyos, temporadas de lluvia y largas trashumancias a caballo
entre miles de bueyes.
A los 20 años se enamoró de la otra mitad de su vida, Lélia. Juntos llegaron a París en 1970 huyendo de la situación política de Brasil. En su primer verano europeo y en un Dos CV, condujeron hasta Ginebra para comprar a mejor precio su primer material fotográfico. Lélia debía fotografiar edificios para sus clases en la facultad de Arquitectura. Ninguno de los dos sabía nada de fotografía pero enseguida a ambos les apasionó. Así fue como la fotografía se convirtió en su forma de vida. Gracias al trabajo de Salgado como economista en la Organización Mundial del Café conoció África, se enamoró de ese continente y de fotografiarlo y, poco a poco, empezó a dejar su trabajo y a considerar ser fotógrafo.

 

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Como siempre junto a Lélia, emprendieron su otro gran proyecto: O Instituto Terra. La costa brasileña desde su origen estaba cubierta por la selva atlántica -unos 3.500 kilómetros hacia el interior del continente- y la tierra de los padres de Salgado pertenecía a este ecosistema. Tras la amnistía política, el matrimonio decidió volver a su país y al llegar a su tierra se encontraron con el drama de la deforestación: los famosos perobás (variedad del roble) y otras especies de árboles habían sido talados, las tierras fértiles antiguamente cubiertas de pasto habían sido arrasadas y el agua, sin nada que la retuviera, corría a sus anchas encharcando todo. "Lélia me dijo un día, Sebastião, vamos a replantar árboles" y sin tener conocimientos botánicos, ni muchos recursos económicos, sintiéndose completamente urbanitas y, sin ni siquiera vivir ahí, decidieron lanzarse a la aventura. Al cabo de seis meses se enfrentaron a la replantación de 2,5 millones de árboles de variedades de la selva autóctona y crearon el primer Parque Nacional de Brasil en una tierra totalmente devastada. Desde entonces la tierra de sus padres está protegida. Con los árboles llegaron los animales, la tierra de su infancia se convirtió en un paraíso casi más hermoso que el que él recordaba. Este espectáculo de la recreación del ciclo de la vida fue el que decidió a Salgado a plasmar con su cámara la belleza natural de los lugares del planeta a los que la mano del hombre todavía no había llegado. "Génesis es mi carta de amor a la naturaleza".

 

 

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O INSTITUTO TERRA, MINAS GERAIS, BRASIL, en 2001, cuando empezó a funcionar la replantación de la selva atlántica de Brasil, y en 2013 habiendo logrado su objetivo.

 

"La fotografía es mi vida, es mi forma de vivir con coherencia"

En la mitad de Génesis, Salgado pasó de la fotografía analógica a la digital. Entre 2004 y 2008 utilizó cámaras Pentax 6458 y se pasó al formato medio, el 4,5 x 6.
Domina la monocromía con extrema destreza y ofrece una nueva dimensión de la fotografía en blanco y negro; las variedades tonales de sus obras, el contraste entre luz y oscuridad, nos recuerdan al Barroco y a las obras de grandes maestros del claroscuro como Rembrandt y Georges de La Tour.
En el blanco y negro busca mayor impacto. Cuando trabajaba en color, la belleza de los azules y los rojos le parecía que anulaban la emoción de lo fotografiado. Le desconcentraban. Con el blanco y negro y todas sus gamas de grises, Salgado nos fuerza a concentrarnos en las miradas, las actitudes, en la densidad de las personas: "Cuando miramos una imagen en blanco y negro, nos penetra, la digerimos y, de forma inconsciente, la coloreamos". Para el fotógrafo el momento de apretar el disparador es único y mágico. La fotografía es la interpretación de una obra en la que confluyen varios elementos que se vinculan: las personas, el viento, los árboles, la luz, los fondos... Pero para lograr ver la fotografía, el fotógrafo debe integrarse completamente en lo que le rodea. Es emocionante leer cómo Salgado describe esos momentos de éxtasis ante el disparador: "Sabes que vas a presenciar algo inesperado. Cuando te fundes con el paisaje, con la situación, la construcción de la imagen acaba emergiendo ante tus ojos. Pero para lograr verla, debes formar parte del fenómeno. Entonces todos los elementos se ponen a actuar para ti... A mi me encanta quedarme así, durante horas, acechando, encuadrando, trabajando la luz a fondo... Hay que amar lo que se hace".

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Queremos concluir con un homenaje a dos genios a través de sus imágenes.

 

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Sebastião Salgado, Ciega a causa de las tormentas de arena, Mali, 1985. Pablo Picasso, Celestina.

 

         


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