
FICHA TÉCNICA:
Dirección: Tony Kaye
Guión:Carl Lund
Producción: Austin Stark, Benji Kohn, Bingo Gubelman,Greg Shapiro, Carl Lund,Chris Papavasiliou
Fotografía: Tony Kaye
Montaje

FICHA ARTÍSTICA:
Henry Barthes: Adrien Brody
Directora: Marcia Gay Harden
Charles Seabolt: James Caan
Sarah Madison: Christina Hendricks
Doris Parker: Lucy Liu
Erica: Sami Gayle
Meredith: Betty Kaye
Argumento:
Henry Barthes es un brillante profesor con el don de conectar con sus alumnos. Pero un pasado tormentoso hace que construya barreras con el mundo, dedicándose a ser profesor sustituto: Nunca pasa más de un año en cada centro, evitando así abrirse a los demás. Su último trabajo lo lleva a un colegio a punto de cerrar donde se encuentra con tres mujeres que, al igual que él, luchan cada día por encontrar lo mejor del mundo que las rodea.
Tony Kaye no es un director especialmente prolífico, a penas ha realizado cuatro películas en los últimos 15 años, sin embargo, sus cintas son de las que dejan huella por los temas tan complejos que suele abarcar, y su forma de hacerlo, con valentía, con humanidad, pero sin medias tintas. Y esta última no es una excepción.
El profesor se me antoja un título demasiado aséptico para una película tan profunda y dura. Detachment es el título oríginal, y resume mucho mejor el tema principal de la misma, el desapego. Para tratar este tema tan preocupante, pero al mismo tiempo tan ignorado en nuestra sociedad, Kaye ha escogido el marco de la educación pública en los EE.UU., otro tema peliagudo pero que sirve de escenario perfecto para mostrar eso, el desapego.

Aunque nuestro protagonista, un profesor de secundaria que se gana la vida haciendo sustituciones, es la figura principal del desapego en esta historia, pero no la única. Él, un virtuoso de la enseñanza, de esos que si te encuentras alguno en tu vida académica no olvidas jamás, se niega a llevar una vida estable, a asentarse, porque eso significa crear lazos, conocer a la gente y que te conozcan a tí. Todo cambia cuando conoce a Érica, una adolescente pérdida que se gana la vida prostituyéndose. Otra vez, el desapego.
Y luego está el instituto, con unos profesores que se tienen que chutar antidepresivos para poder hacer su trabajo, y unos alumnos que son víctimas y verdugos al mismo tiempo. Pero no os confundais, esta no es una película de esas de sobremesa en las que el profe consigue encarrilar a sus alumnos, y todos son felices al final. Esto es más difícil de asimilar porque nos planta en las narices el desinterés y la violencia de los padres, la impotencia de los profesores ante un sistema que les tiene marginados, y cómo los jóvenes tienden a la violencia – contra los demás y contra sí mismos – cuando no saben qué hacer con sus vidas. En definitiva, el desapego y el desarraigo que lo invade todo.

Estructurada en dos líneas temporales que mezclan la acción real con las reflexiones del protagonista, además de por la profundidad del tema, sobresale por su fabulosa factura – fotografía impecable, variedad técnicas, metáforas visuales -, y también por sus grandes interpretaciones, con un Adrien Brody en estado de gracia y dos jovenes talentos Sami Gayle y Betty Kaye. Imprescindible.
