Este lunes se cumplieron 50 años de la muerte del payaso Fofó. Se llamaba Alfonso Aragón Bermúdez y tenía una gracia descomunal [”¿¿¿Cómo están ustedeeeeessss???”]. Para los de mi generación, fue uno de aquellos locos divinos de la tele que alegraron nuestras vidas en blanco y negro con sus disparatadas aventuras en la década de los setenta. Junto a sus hermanos Gaby y Miliki, más su hijo Fofito, pronto se convertiría en parte consustancial de todos nosotros, alcanzando una popularidad que para sí quisieran hoy muchos ‘instagramers’.
Cierto que Fofó nació accidentalmente en el municipio murciano de Ulea, pero solo por causa ambulante del circo con el que viajaban sus progenitores, un payaso y una acróbata ecuestre. Su muerte en 1976, a causa de las complicaciones tras contraer una hepatitis, constituyó una tragedia nacional en la que los niños tuvieron un papel principal. Fofó tenía solo 53 años, pero a casi todos nos parecía mucho mayor. Meses después, en Murcia se le erigió un monumento, que patrocinó Radio Juventud, y a cuya inauguración acudió buena parte de la familia Aragón. La foto corresponde a aquel día de contrastes, en el que se mezcló la risa con la tristeza.
Fofó nos dejó hace medio siglo quizá para formar compañía celestial con sus ancestros, Pompoff, Thedy y Emig, de los que aprendió el noble oficio de payaso, del que dicen que no se elige y que es él el que te elige a ti. Larga vida al circo, el mayor espectáculo del mundo que siempre seguirá mientras haya aplausos.
