Revista Cultura y Ocio

Las bibliotecas españolas

Publicado el 04 diciembre 2010 por Eltiramilla

Desde la antigüedad, las bibliotecas han formado parte de nuestro día a día y se han convertido en un recurso poderoso para entrar en contacto con el arte y la cultura en sus diversas expresiones. Los organismos públicos nos lo ponen fácil y dejan a nuestra disposición más de 5000 puntos de servicio abiertos a todo el mundo, con independencia de su edad, raza, sexo o formación profesional.

Según el Ministerio de Cultura de España, en el año 2008 las bibliotecas públicas españolas sumaron un total de casi 80 millones de documentos (incluyendo libros, publicaciones periódicas y otros materiales de consulta) y hubo una media de dos visitas anuales por habitante. Los más asiduos fueron los navarros, con un promedio de 3’79 visitas, mientras que en Melilla, Ceuta y Cantabria apenas llegaron a una sola visita por año y habitante. ¿No os parece un poco triste que todos esos recursos no reciban más atención? Tal vez en este reportaje encontraréis alguna razón para aumentar esas cifras.

■ ¿Qué nos ofrecen las bibliotecas?

Las bibliotecas españolas - Nuestros destacados - Reportaje del mes

Los adolescentes suelen ir a la biblioteca para hacer los deberes o reunirse con sus amigos para realizar trabajos en grupo. Con la entrada en la universidad, muchos jóvenes cogen el hábito de acudir allí para consultar libros y estudiar. Sin embargo, la oferta de servicios de este espacio va más allá de todo eso: además del material de referencia (libros, publicaciones periódicas, material audiovisual, Internet), las bibliotecas apoyan la educación y promueven la cultura, acercándola a todo el que desee instruirse. Eso es lo único necesario para disfrutar de ellas: interesarse por el conocimiento.

Las bibliotecas públicas ponen a nuestra disposición un catálogo de interés general, información local, publicaciones propias del centro, servicio de reprografía, salas de lectura, préstamo, etc. En el caso de este último, existe la posibilidad de colaborar con otras bibliotecas y dar lugar a un préstamo interbibliotecario (con un pequeño coste para quien lo solicite), o directamente hacer una petición a nuestra biblioteca para que valoren la posibilidad de adquirir un documento determinado. Además, los usuarios pueden pedir prestaciones especiales en función de sus necesidades, como pueden ser los casos de inmigrantes que no conocen el idioma o personas que por un motivo u otro no pueden acceder al centro (enfermos, presos).

Por otra parte, desde pequeños nos han enseñado que en las bibliotecas se debe estar callado para no molestar a los lectores de la sala, pero por fortuna cada vez son más frecuentes los eventos culturales en los que se puede sociabilizar al tiempo que aprendemos un poco más sobre aquello que nos interesa. Desde clubes de lectura hasta charlas con un escritor local y certámenes literarios; todo es cuestión de estar atento a los anuncios para no perderse nada.

Para todo ello, el papel del bibliotecario es providencial: bajo su apariencia discreta y silenciosa, se encarga de ordenar, catalogar y colocar los fondos, seleccionar las nuevas adquisiciones y expurgar otras por desfase temporal o mal estado, revisar el depósito y, muy importante, informar a todo aquel que se acerque a preguntar, desde cuestiones relativas a la localización de un documento hasta peticiones de títulos sobre una temática determinada. Algunas cuentan con personal especializado para atender las necesidades del público infantil o conducir los actos culturales, pero a menudo son los mismos bibliotecarios quienes deben encargarse de todo. Como se puede ver, quien dijo que trabajar en una biblioteca debía de ser muy aburrido seguramente nunca puso un pie en una.

■ Literatura juvenil y bibliotecas

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La oferta de libros juveniles de las bibliotecas depende del poder adquisitivo de las mismas, del espacio y del interés que despierten las obras entre su público potencial. En otras palabras, no cuesta nada encontrar grandes clásicos y éxitos editoriales, pero la cosa se complica si buscamos novedades recientes o libros que han pasado desapercibidos, sobre todo si nuestra biblioteca más cercana no cuenta con mucho sitio. En el momento actual y con el apogeo de la literatura juvenil, estas propuestas pueden quedarse cortas para los lectores fervientes y se echa de menos una mayor atención para este género literario, que a menudo se encuentra mezclado con los títulos para adultos, una muestra clara de lo infravalorado que está en algunos sectores. Aun así, si miramos el tema con cierta perspectiva, parece que este problema puede solventarse con la llegada del libro electrónico: el espacio ya no será un inconveniente y el coste se reducirá notablemente, aunque todavía queda mucho para su consolidación en nuestro país.

Según nos cuenta Ysabel, bibliotecaria de El Perelló (Valencia), desde hace algo más de un año las tendencias entre los lectores adolescentes han cambiado: antes los libros más demandados eran los de Harry Potter (J. K. Rowling), pero poco a poco los vampiros y otros seres han ido ganando terreno entre los lectores de ambos sexos y ahora los más prestados son las sagas de Crepúsculo (Stephenie Meyer), Vampire Academy (Richelle Mead) y Ghostgirl (Tonya Hurley), sin olvidar Vampiros Sureños (Charlaine Harris), la serie que ha inspirado True Blood, la famosa adaptación a la pequeña pantalla. Las novelas de Laura Gallego también tienen bastante demanda, y algunas chicas se animan a descubrir el chick-lit, aunque en menor grado que los libros mencionados anteriormente. En general, Ysabel destaca que a los lectores jóvenes les gustan las historias de aventuras con un lado romántico.

Cuando le preguntamos qué hace falta para incentivar las visitas de gente de esta franja de edad a la biblioteca, explica que es muy importante conseguir que los usuarios se sientan como en casa, que tengan libertad para tocar y curiosear los libros, y no la vean como un lugar donde se debe estar en silencio. Las bibliotecas también son un punto de encuentro y sus servicios van más allá de las salas de lecturas y el préstamo. A veces parecemos cibercafés o videoclubs, bromea Ysabel, mas no lo considera negativo, y es que hoy en día el acceso a Internet se ha convertido en una necesidad básica, al igual que la creación de redes sociales y blogs para las bibliotecas: de este modo, además, se muestra que saben adaptarse a las nuevas formas de comunicación y representan algo más que un lugar de estudio.

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A pesar de eso, tristemente hay usuarios que en su infancia frecuentaban la biblioteca y al llegar a la adolescencia pierden el hábito, en parte por la dura competencia que suponen la televisión, los videojuegos y otros entretenimientos, aunque todavía hay mucha gente que no acude a la biblioteca porque se piensa que es sinónimo de aburrimiento.

Por último, Ysabel añade que tanto la literatura juvenil como la infantil deberían valorarse más. No está bien que se menosprecie a los autores de este género, porque de ellos depende que el lector joven sea el día de mañana un lector adulto, y desde las bibliotecas se deberían impulsar más este tipo de letras. Al igual que se hace con la literatura de adultos, se podrían elaborar guías de lectura y dar a conocer más las últimas adquisiciones. Se ha de intentar que los jóvenes lean por gusto y no por obligación escolar, concluye.

■ Las bibliotecas escolares

Cada vez son más las bibliotecas públicas que tienen una sección adaptada a las necesidades de los más pequeños y organizan actividades como lecturas de cuentos o guías orientativas para padres y madres. No obstante, en primera instancia el deber de inculcar el hábito a los niños lo tienen las escuelas y los institutos. Así nacen las bibliotecas escolares.

En los colegios es frecuente que se den iniciativas de lectura en las que cada niño debe llevar un libro a clase para crear una pequeña biblioteca entre todos. De este modo, además, los padres son partícipes del aprendizaje de sus hijos y pueden conocer sus gustos e incluso comenzar una colección en casa. Por otro lado, los centros de enseñanza suelen disponer de una biblioteca propia con material de consulta complementario a los libros de texto para que los niños aprendan a buscar información de una manera alternativa a Internet y entren en contacto con un nuevo entorno. Asimismo, en estas bibliotecas hay novelas que los alumnos pueden tomar prestadas, bien para hacer un trabajo, bien para leerlas por su cuenta.

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Este tipo de actividades cobra una gran importancia de cara a crear nuevos lectores y lograr que los chavales se interesen por la literatura. Aun así, más de una vez he tenido la impresión de que las bibliotecas escolares están desaprovechadas, sobre todo en la educación secundaria. Cuando se trata de alumnos pequeños, los profesores tienen más libertad y cada uno puede preparar la sesión de lectura semanal a su gusto, pero la terrible maldición de las lecturas obligatorias empieza a hacerse notar cuando entran en la adolescencia. Los estudiantes miran los libros con desprecio y pereza, bromean sobre sus portadas y se enorgullecen de buscar resúmenes en Internet y ver la adaptación cinematográfica en lugar de leer la novela de turno para el examen. Sólo unos pocos leen esos libros y los disfrutan, generalmente aquellos que vienen con el hábito inculcado.

Me parece comprensible que en bachillerato existan lecturas obligatorias, puesto que hay después una selectividad que determina la mayor parte de ellas; incluso en la ESO puedo entender que las haya de vez en cuando para examinar a los alumnos y poner en común las conclusiones sacadas de la obra. Sin embargo, resulta evidente que abusar de este método de enseñanza no es la mejor vía para promover el gusto por la literatura, que, al fin y al cabo, se supone que es el principal propósito de estas actividades. ¿De qué sirve obligar a leer un libro si los chicos prefieren ver la película o se hacen chuletas con apuntes de los demás? ¿No sería mejor darles más libertad y dejar que cada uno escogiera una novela en función de sus preferencias? Quizá eso dificultaría la evaluación en forma de control para todos, pero existe la posibilidad de hacer comentarios de texto y trabajos sobre cada libro. No olvidemos que crear nuevos lectores implica asesorarles para que tengan criterio propio y sepan encontrar obras que vayan acordes con sus gustos, así que es necesario que desde el colegio les brinden esa posibilidad. Y no, no se trata de poner a su disposición una biblioteca con Crepúsculo y sus secuaces de corte puramente evasivo: existe una retahíla de obras escritas expresamente para el público juvenil que reúne entretenimiento y reflexión. En ellas reside el poder para atraer a los jóvenes y engancharles a esta afición tan satisfactoria y enriquecedora, pero por desgracia se suele caer en el error de convertirlas en obligatorias y así es imposible que todos las aprecien. Una historia bélica puede entusiasmar a unos, pero a bien seguro será aborrecida por otros, mientras que una de sentimientos enamorará a un sector y será considerada una cursilada por los detractores del género. Por eso considero fundamental aprovechar el material variado de la biblioteca del centro en lugar de encomendar la compra de unos libros concretos. Antes de obligarles a leer, deben sentir placer e interés por hacerlo.

■ La llegada del libro electrónico

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Seguramente habrá quien piense que con la llegada del e-book y el lector digital las bibliotecas están sentenciadas. Nada más lejos de la realidad: como se ha comentado en este reportaje, la función de las mismas va mucho más allá del préstamo de libros y cada vez hay más iniciativas culturales promovidas desde este lugar. Quizá en el futuro muchos lectores optarán por descargar las novelas de Internet, pero eso no sustituye la interacción con otros aficionados ni las propuestas didácticas que se promueven desde allí. Además, las bibliotecas están al día y llegado el momento seguro que ofrecerán un amplio catálogo de libros electrónicos para que los usuarios puedan leerlos desde su lector, por lo que no se puede decir que su papel como referencia cultural vaya a desaparecer.

En definitiva, la biblioteca propone y el lector dispone. Ha llegado la hora de quitarnos de la cabeza la imagen de una sala aburrida y silenciosa donde se va a hacer los deberes sin prestar atención a lo que ofrece el lugar. Además, en tiempos de crisis el préstamo de libros puede ser de gran ayuda para mucha gente, de modo que no hay excusa que valga para no leer. Las posibilidades de entretenimiento y aprendizaje que se nos brindan desde la biblioteca son muchas, en nuestras manos queda aprovechar sus recursos.


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