
CRISIS DEL SIGLO III (235 al 284)
Emperadores Llirios
Tácito nació en Intermna (actual Terni), situada a 60 kilómetros al norte de Roma, allá por el año 200. Pocos son los conocimientos que tenemos acerca de Tácito, antes de ser nombrado emperador, aunque sabemos que descendía de una rica familia de rango senatorial procedente de alguna zona de la ribera del Río Danubio, y que fue Cónsul en el año 273; también que nunca estuvo en el ejército y que, a pesar de ser un anciano de carácter dócil, su elección nunca contó con la simpatía de las legiones. Por última vez, en la dilatada historia del Imperio Romano, el Senado eligió emperador. Desde hacía décadas, 222-235, con Alejandro Severo, todos los emperadores habían sido autoproclamados por el ejército, limitándose el Senado a sancionar el nombramiento; en el caso de Tácito, la Curia propuso para el cargo a un personaje que estaba retirado en la Campania y que desestimó el honor alegando su avanzada edad, los Patres lo convencieron razonando que también grandes Príncipes, como Antonino Pio, habían llegado al trono a edad longeva. Tácito se presentó en Roma a finales del 275 donde el Senado lo legitimó como emperador. Desde la muerte de Aureliano hasta la llegada de Tácito, el gobierno estuvo en manos de Ulpia Severina, la primera y única mujer de Roma que gobernó el extenso territorio imperial por derecho propio. La primera medida tomada por Tácito fue la de incautar los bienes a todos los parientes e involucrados en el regicidio del emperador Aureliano, además de realizar arrestos y ejecuciones a varios oficiales de la Guardia Pretoriana que estaban implicados en el asesinato; a continuación, colmó de honores y deificó al fallecido emperador.

Para Tácito, los problemas fronterizos no estaban en oriente, sino en el este. A primeros del año 276 derrotó a marcomanos y alamanes cuando iba camino de Asia Menor donde los godos con apoyo de una nueva tribu germana, los hérulos, estaban haciendo incursiones en dicha provincia romana; allí, con la ayuda de su hermanastro Marco Annio Floriano, al que previamente había nombrado Prefecto de la Guardia, abatió a los bárbaros y se adjudicó el título de Góthicus Máximus. Su intención, tras pacificar Asia Menor, era encaminarse a la Galia donde, nuevamente, los francos estaban incomodando esta zona del Imperio, pero la muerte le sorprendió en Tyana (al sur de Turquía). Según la Historia Augusta y el historiador Eutropio, Tácito falleció de muerte natural, a causa de unas fiebres; pero según el prestigioso cronista Zósimo, fue asesinado, ya que, en la provincia de Siria, había colocado de gobernador a un pariente suyo, un tal Maximino, un déspota al que un grupo de sicarios aniquilaron, los cuales, por temor a represalias, acudieron a Capadocia e hicieron lo mismo con el débil emperador Marco Claudio Tácito.

Si en lo que se refiere a los asuntos militares y civiles, el anciano Tácito no aportó prácticamente nada, si lo hizo en materia cultural. Empeñado en vanagloriarse de ser descendiente directo del historiador Cayo Cornelio Tácito, cosa incierta, obligó a que todas las bibliotecas de Roma tuvieran un ejemplar de sus escritos; gracias a esta decisión, han llegado hasta nuestros días algunas obras de este gran orador. Una vez muerto el emperador, las legiones de Asia Menor aclamaron al prefecto Marco Annio Floriano como nuevo Príncipe del Imperio, nombramiento que fue sancionado por el Senado. Floriano contaba con el apoyo de los gobernadores de Galia, Hispania y Mauritania, pero su capacidad militar estaba muy lejos de la del laureado general Marco Aurelio Probo, quien fue fundamental en la campaña de Palmira con Aureliano y al que los ejércitos de Oriente también habían proclamado Imperator.

