Revista Cultura y Ocio

Pavese, poeta.

Publicado el 07 septiembre 2011 por Santiagobull
Pavese, poeta.
Ya no recuerdo muy bien cuándo descubrí a Cesare Pavese. Sé que fue pasando las páginas de la antología de poetas del siglo XX que hicieron juntos Javier Sologuren y Carlos Germán Belli, cuando mis ojos cayeron hipnotizados por ese título extraordinario que es Y vendrá la muerte y tendrá tus ojos; pero lo demás (fechas, lugares, si por la tarde o por la noche) ya es materia del olvido. Aunque eso, claro está, es lo de menos. No he leído (aún) las novelas de Pavese. Tengo entendido que son muy buenas, y alguna hasta extraordinaria, pero me remito a la resignación: en mi experiencia, Cesare Pavese es un poeta, de los mayores que han cultivado la lengua italiana, con esa delicada y engañosa solemnidad, esa forma tan diáfana para manejar y pulir el lenguaje, el arte con el que dedica una estocada, para el deleite de las damas presentes, cada tres o cuatro versos.Hoy, como tantas otras (bien justificadas) veces, no redundaré en escurrir el lenguaje en vano. Esta noche prefiero dejar a la voz de los versos de Pavese (clara, pausada y algo ronca) dejar preñado con su eco los rincones, mientras yo aprovecho para encender un cigarrillo y descansar en tan dulce compañía.   
El paraíso sobre los tejados(Por Cesare Pavese)
Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol que nace o muere, y el cristal
cerrará el aire sucio fuera del cielo.
Se nos despierta una mañana, una vez para siempre,
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Llenará la estancia,
por la gran ventana, un cielo más grande.
Desde la escalera, subida una vez para siempre,
no llegarán voces, ni rostros muertos.
No será necesario dejar el lecho.
Sólo el alba entrará en la estancia vacía.
Bastará la ventana para vestir cada cosa
con una tranquila claridad, casi una luz.
Se posará una sombra descarnada sobre el rostro sumergido.
Será los recuerdos como grumos de sombra
aplastados como las viejas brasas
en el camino. El recuerdo será la llama
que todavía ayer mordía en los ojos apagados.

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