Pero ahí apareció un detalle que me llamó la atención; porque con el frío que hacía hoy, uno imaginaría que las térmicas serían débiles. Sin embargo, estudios recientes muestran que los buitres americanos también aprovechan otro recurso, la turbulencia y las pequeñas corrientes ascendentes que genera el viento al chocar contra árboles, montes, desniveles del terreno o incluso cambios en la vegetación. Es decir, no dependen exclusivamente del aire caliente que asciende. Son capaces de "leer" una atmósfera mucho más compleja de lo que nosotros alcanzamos a percibir.
Eso explicaría bastante bien lo que vi hoy. Un día frío, sí, pero con sol y viento sostenido. Tal vez las térmicas comenzaban a formarse lentamente, o quizás esos dos jotes simplemente iban enlazando pequeñas zonas de sustentación creadas por el relieve y el viento. Lo cierto es que ascendían con una facilidad que parecía desafiar la lógica. porque a la tercer vuelta que dieron en un radio de 100 metros ya estaban a unos 300 metros de altura, 1000 feet AGL (según la jerga aeronáutica).
No es casualidad que ingenieros aeronáuticos estudien el vuelo de los buitres para desarrollar algoritmos capaces de hacer que planeadores y drones aprovechen las corrientes de aire igual que ellos. Después de millones de años de evolución, estos "pilotos" naturales siguen teniendo bastante para enseñar.
Al final, una observación casual de apenas unos minutos terminó convirtiéndose en una linda excusa para aprender algo nuevo, y esa para mí sigue siendo una de las mejores cosas que tiene salir a mirar aves, aunque sea en el patio de nuestras casas.


