A la mañana siguiente nos dirigimos al lugar, la expectativa era grande, porque cualquiera que haya buscado aves sabe que encontrar una rareza un día no garantiza volver a verla al siguiente. Sin embargo, esta vez la suerte estuvo de nuestro lado porque después de una breve búsqueda apareció nuevamente el protagonista de la historia. El barrancolí se mostró igual de colaborador que durante mi primer encuentro y permaneció varios minutos moviéndose entre las ramas cercanas. Mientras mi acompañante disfrutaba de la observación, yo aproveché la oportunidad para obtener las fotografías que ilustran esta publicación.
Aquella salida tuvo un doble premio, permitir que otro observador sumara una especie muy buscada y, al mismo tiempo, brindarme mas imágenes que conseguí de este pequeño y colorido habitante de República Dominicana.
A veces los registros más memorables no terminan cuando uno guarda la cámara, algunas historias tienen una segunda parte... y esta comenzó apenas un día después del primer encuentro.


