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Antichrist

Publicado el 04 marzo 2010 por Gcpg
Antichrist¿Que qué me pareció? Después de lo que he leído por ahí (y que sólo después de ver la película hice, para no tener prejuicios), que Lars von Trier se está convirtiendo en uno de esos directores odiados y amados, por los que hay que tomar partido. Y, teniendo en cuenta de que, al menos, en plena crisis de ideas, hace lo que quiere, sabe hacerlo, y lo hace bien, no es un director a desechar con una frase fácil de desmérito. Otra cosa es que comulguemos con sus ideas, que no nos gusten estos platos tan fuertes e indigestos. Que hay que tener un estómago a la altura, pero no sólo eso, porque la película de Trier no es un producto gore, no es ni siquiera una película de género, y si no a cuento de qué dedica esta brutal cinta a Tarkovski... Pues sí, hay que tener estómago, pero también cabeza. Incluso cuando, como aquí, el resultado no parece estar tan a la altura de otros trabajos como Dogville o Bailar en la oscuridad, auténticas obras maestras.
La película está rodada prácticamente en su totalidad en "la iglesia de Satán", o lo que es lo mismo, la naturaleza. Y aquí nos hallamos ante el plano metafísico del filme. Remite a concepciones filosóficas, y quien no entienda así la película, no entiende la película. Siento ser tajante en esto. Pero después de leer tan mala crítica que la ponen como revulsiva del género de terror, gore, revisión del thriller psicológico, etc., me parece que hay mucho despistado por ahí.
Así pues, la película requiere posicionamientos, eso sí, un tanto dicotómicos: mujer/hombre; razón/locura; naturaleza/civilización; Anticristo/Dios. Y de alguna manera se corresponden, intentaré explicar cómo (lo entendí).
Primero el contexto: el pretexto del guión. Una pareja, protagonizada por Willem Dafoe, psicólogo, y Charlotte Gainsbourg. De ella sabemos que dejó una tesis inacabada sobre la brujería. Se corresponde más con el genio creativo que con la mente analítica de su marido. De alguna manera, ambos intentan abordar el tema de la locura, uno desde posiciones más analíticas; la otra, desde una perspectiva más creativa y deductiva. Un hecho significativo viene a quebrar la relación existente entre ambos: la muerte de su único hijo, un niño de unos dos años que se arroja por una ventana mientras sus padres hacen el amor. Al parecer, este hecho quiebra la mente de la madre. El resto de la historia es la terapia, de incalculables consecuencias. Es entonces cuando la escena se traslada a una cabaña en el bosque, naturaleza en estado puro, sublime por su magnitud y dureza. Es aquí donde las pasiones se desatan: ella, enfrentándose a sus principales terrores; él, intentando imponer razón en el caos.
Pero aquí es donde se resquebraja este sistema binario. Dejamos atrás las concepciones maniqueas que habían envuelto la historia cuando se alcanza la conclusión de que la escisión entre ambos poderes no son perfectos. La naturaleza también invade la mente humana. La razón es también producto de Satán, está dominada por él en cuanto que está en nuestra naturaleza el mal. Y llegar a esta concepción es llegar al desenlace, frenético y escalofriante, de la película.
Está bien. Podemos dejar todas estas consideraciones aparte. Podemos quedarnos en una superficial historia (y en este sentido, fallida), de cine de terror con ambiciones teológicas o metafísicas. Y podríamos concluir que no es entretenida, que ni siquiera tiene pulso para ser una película de género, que el terror que logra es demasiado intelectual y pretencioso. Que es pseudo-pornográfica y de violencia desmedida, gratuitamente sangrienta. Podemos ver esto, y decepcionarnos. O podemos ver lo otro. Esta crítica pretende que veamos eso otro.

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