Revista Cine

Crítica de cine: Johnny English Returns

Publicado el 30 septiembre 2011 por Lapalomitamecanica
Con licencia para matar la poca gracia que tuvo la primera parte
Crítica de cine: Johnny English Returns
Nota: 2,5
  Sumario 

Lo mejor: la escena completa de la silla reclinable.Lo peor: que "el show de Bean" se come la parodia al género de espías.Presupuesto/taquilla: 32 millones de euros / 23 solo en Inglaterra, su país de origen.
Ficha: Imdb. 
La curiosidad: El personaje de Johnny English nació a mediados de los noventa en una campaña publicitaria para Barclays que protagonizó el mismo Rowan Atkinson. Podéis ver uno de los anuncios aquí.
El director: Oliver Parker (Londres, 1960) es un mercenario del cine inglés al que lo mismo le da un roto que un descosido. Suyas son las comedias de medio pelo Supercañeras o Un Marido Ideal, así como las adaptaciones de El Retrato de Dorian Gray (versión 2009) o La Importancia de Llamarse Ernesto. Su nombre salió de un sorteo a la hora de elegir director para Johnny English Returns.
La duda: ¿Por qué fuera de Inglaterra el subtítulo ha pasado de ser "Reborn" a "Returns? ¿En serio marca alguna diferencia?

Lo único que me llamaba la atención a la hora de enfrentarme a Johnny English Returns era que tras pegar un taquillazo más que considerable con la primera entrega (40 millones de dólares de presupuesto frente a 160 recaudados), lejos de repetir la fórmula a toda prisa, han decidido esperar nada menos que 8 años, una cifra que en el panorama actual, en que en menos tiempo Hollywood fabrica cinco trilogías, viola 13 cómics y anuncia 67 reinicios, invitaba a pensar que existían ganas de hacer bien las cosas. Pero no. Era solo pereza.

Al fin y al cabo, la primera entrega, con su tono blandito y los contoneos de Natalie Imbruglia, tuvo varios momentos divertidos basados sobre todo en esa autoparodia de los mismos británicos a su servicio de inteligencia, y en general, a toda la mitología en torno a los agentes secretos que nace en el único inglés que siempre tiene cosas más importantes que hacer a la hora del té, James Bond. Por supuesto, el protagonismo de Rowan Atkinson auguraba buenas dosis de comedia física, único registro del actor desde los tiempos de La Víbora Negra y que tras hacerle mundialmente famoso con el personaje de Mr. Bean ha seguido explotando con mayor o menor fortuna (Ratas a la Carrera es el ejemplo más rescatable). 

Crítica de cine: Johnny English Returns

Pues bien, en esta secuela todo ese contexto paródico queda relegado a dos o tres chistes con gracia (exactamente el de la silla, el de la alarma de "agente en peligro" y los radares en la autopista) y la función se basa por completo en los intermitentes ataques de parkinson epiléptico con dosis del síndrome de Tourette de Atkinson. Algo así como lo que sucedió con Las Vacaciones de Mr. Bean, otra segunda parte igual de excesiva y que me produjo pesadillas con Atkinson persiguiéndome desnudo en bicicleta por valor de 3.000 euros en psicólogos. Por lo menos en la primera Johnny English teníamos un mínimo de historia a modo de raíles para el lucimiento del cómico. Vale que se trataba de algo tan simplón como un francés chalado (John Malcovich hasta el culo de barbitúricos) que quería conquistar Inglaterra. Pero ya era más de lo que tenemos en esta ocasión. Johnny English Returns se basa en cambio en la típica trama del topo en la agencia dejándonos sin villano hasta el último tercio de la cinta, lo que evidencia aún más que nos encontramos ante un one man show.
Crítica de cine: Johnny English Returns
Para más inri, la historia cuenta además con una incongruencia bastante elemental y en la que es mejor no reparar para sacarle algo de jugo al film. Al comienzo de la película recuperamos a English de retiro en el Tibet, donde acaba de superar un entrenamiento tipo Batman y que le convierte en una verdadera máquina de matar (recordemos que en la primera cinta comenzaba como un oficinista que es ascendido sin entrenamiento de por medio). Con lo que durante gran parte del metraje vemos como los secuaces a los que ni se atrevía a enfrentarse hace 8 años ahora no suponen ningún problema para su renovado talante (y es aquí donde podéis incrustar el chiste de vuestra elección sobre su parecido con Zapatero). Pero entonces nos meten con calzador escenas a lo "me resbalo con mi propio sudor" que no encajan dentro de la nueva forma de actuar de English, y que evidencian el miedo del guionista William Davies (el tipo que pensó que Schwarzenegger y DeVito podían ser hermanos en Los Gemélos Golpean Dos Veces) a prescindir del histrionismo de Atkinson en favor de gags basados en el diálogo o en la sátira del género. Si además eres fan de la pequeña pantalla, en Johnny English Returns te esperan tres reencuentros con actores míticos de la televisión que seguro te producirán más de un escozor. Richard Schiff de El Ala Oeste aparece 3 minutos antes de implosionar al darse cuenta de para qué había firmado, mientras que Gillian Anderson (Scully, de toda la vida) desperdicia su talento como coprotagonista robótica más empeñada en figurar como una MILF de manual antes que en resultar mínimamente divertida. Pero la palma se la lleva Dominic West (The Wire), para el que habían escrito un homólogo del agente 007 que acaba resultando un pelele de esos que vende el tipo de los muñecos hinchables que bailan y saludan como idiotas. Que curiosamente es el tipo de público al que va dirigida Johnny English Returns, es decir, gente sin piernas que no pueda escapar de la sala de cine.

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