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Crítica: "Plan de salida"

Publicado el 26 junio 2020 por Cinedania @cinedania
Se ha estrenado en plataformas digitales la última película del director danés Jonas Alexander Arnby que lleva por título "Plan de salida", una intrigante apuesta que juega con el perfil psicológico del personaje principal que interpreta el conocido Nikolaj Coster-Waldau
Crítica:
¿Qué harías si te detectaran un tumor cerebral incurable? Ese es el punto de partida de este film pretendidamente oscuro y dramático que analiza el proceso actitudinal de un hombre obligado a afrontar esa pregunta y darle respuesta. Max (Nikolaj Coster-Waldau) es el personaje que sufre esta enfermedad y analiza diferentes perspectivas de su situación hasta decidir ingresar en un centro secreto de suicidio asistido. 
Esta determinación viene precedida por su incapacidad para comunicar su estado de salud a su esposa (Tuva Novotny), una mujer de la que se siente profundamente enamorado. Precisamente esta relación sentimental marca en muchos sentidos el devenir de la película lanzando el mensaje de lo difícil que es afrontar este tipo de situaciones cuando tienes alrededor personas que te importan.
Crítica:
El director decide reflejar esta historia con una cuidada fotografía, oscura, deliberadamente seca, que ayuda al espectador a empatizar aún más con la angustia de Max. A eso le añade su parquedad en las palabras, buscando en el rostro del actor todas las emociones escondidas que tanto le cuesta transmitir. En ese sentido el trabajo de Nikolaj es bueno gracias también al contrapeso que ofrece Tuva, para mí una de las mejores actrices del panorama europeo.
Si bien su puesta en escena es acertada y genera interés en el espectador, poco a poco la constante alternancia entre fantasía y realidad confunde y desconcierta. No es difícil seguir la trama pero parece que sus escasos giros de guión obligan a desviar la atención a paranoias y deseos del protagonista. Este recurso, si bien no es fallido, sí al menos minora la valoración global de la película.
Crítica:
Presentada en el festival de Sitges, sus buenas maneras mantienen con vida los 90 minutos de la película aunque en determinadas fases, y sobre todo en su ecuador, es fácil desconectar y perder el interés. Solo los más grandes son capaces de mantener constante la intriga y el nivel dramático, y Jonas Alexander Arnby aún no ha alcanzado esa excelencia.
José Daniel Díaz

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