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Tele-obscenidad

Publicado el 14 mayo 2010 por Francissco
Tele-obscenidad



Mujeres ricas. La sexta.

Olvidémonos del paro brutal, del zapatazo a los funcionarios y pensionistas y del pánico por si no llega para la hipoteca. La sexta, la cadena de Roures y Milikito, ofrece a todos los escapistas la exhibición de riqueza de las mujeres del Olimpo español. Son ellas, floreros de luxe,  algunas de las mujeres ricas del país occidental con la economía más comprometida después de Grecia, dato que a las interesadas, como es obvio, se la trae al pairo. Y lo que es más grave, también se lo trae a quienes financian y programan estos pijoengendros.

Lo tuve que ver porque no daba crédito a la coincidencia. Justo cuando buena parte de los ciudadanos, según anuncio presidencial, verían recortado el salario y otros  -los que no  cobran ninguno-  veían incrementado su porcentaje en las cifras, llegaba un agravio comparativo mucho más obsceno que los senos y los culitos que aún escandalizan a algunos.

Las imágenes epataban por el contraste. Vastos espacios decorados de manera carísima, jardines edénicos en provincias con escasez de agua; gimnasios, jacuzzis, mega terrazas casi al lado del mar -¿y la ley de costas?-  Era la versión televisiva  -y con mucho más alcance, por tanto-  de los reportajes complacientes y con vaselina al estilo del Hola y otras revistitas parecidas; por tanto y en ese sentido, no es que haya mucha novedad.

Pero de todas maneras, el medio también es el mensaje. Y es el medio quién justifica la ostentación a través de la presentación telegénica de la misma.  Esa entrevistadora  a quien nunca ves pero que a veces mal oyes, por culpa de la baba admirativa que le cae cuando habla; esa  bendición implícita que supone la falta de  curiosidad por los orígenes de esa fortuna.
Se asume, ya de entrada, que el mundo es así porque no hay más remedio, que la riqueza se justifica a sí  misma por el mero hecho de acumularla y que ostentarla ante millares de espectadores es algo lógico, derivado del orden natural de las cosas.

Y este supuesto orden “natural” es el mayor beneficiario y lo es en todos los sentidos. Estas mujeres, la mayoría si mal no recuerdo, eran unas amas de casa muy especiales, aunque sin pata quebrada esta vez, menos mal. El marido, excepto en el caso de una tal Olivia Valere, permanecía en un segundo plano y, de hecho, no salía. Cumplía la función de superproveedor de bienes, de campeón masculino financiero y de guerrero de despachos y mago de las influencias.

Ellas, por contra, tenían habitaciones enteras destinadas a acumular bisutería y adornos. Veían así, premiada su pasividad y vaciedad con criadas, profesores de gimnasia particulares, vestidores enormes y repletos de ropa cara, etc.
En estos casos, las televisiones se encargan de recordar, por si acaso, que tienen un corazoncito como todos nosotros, faltaría más. Por ello, nos muestran el desfile de sus cachorritos y sus retoños, tan triviales y ligeros como los de todo el mundo, si exceptuamos el aparato de lujo que les rodea.

Los sacan dichosos y retozones en su intimidad hogareña de diseño, tal y como esos anuncios que muestran una dicha material perfecta. Lo es porque no tiene precio. Mar Segura, una de estas muñecas felices, admitía  no saber cuanto costaba nada de lo que la rodeaba, así cualquiera duerme tranquilo.

Con eso y con un chofer/segurata que por si acaso tenía otra, un esbirro zafio que no se cortaba en mostrar su tosquedad frente a las cámaras, mientras la dueña le reía las gracias.
Ya se sabe, es la intimidad de los pececitos gordos, la cercanía a las alturas y todo eso. Con todo ello, puedes saltarte la ética y la estética a la vez.

Un saludete desde mi jacuzzi (soñada)


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