Revista Cocina

I Premio Nacional de Cocina Viejuna

Por Biscayenne

Me llena de rancio orgullo y satisfacción anunciaros que hoy comienza una de las aventuras más ambiciosas de este blojs. De la mano de la inventora del famoso concurso Chorizo y Palo y redescubridora del NO-DO como arma de entretenimiento masivo, es decir, yo, llega el mayor acontecimiento del mundo contemporáneo civilizado: el primer Premio Nacional de Cocina Viejuna.
Sólo a una mente enferma y con ínfulas de grandeza como la mía se le podría ocurrir algo así, pero el s. XXI lo necesita. Tanto tiempo dándoos la chapa con la historia y las recetas decimonónicas, bla blá, y luego resulta que lo que os va  es el viejunismo hortera. Ése que todos recordamos, que reinó en las cocinas maternas desde los años 60 hasta entrados los 90 y aún pega coletazos en las cenas de Navidad y fiestas de guardar.
Pongamos un ejemplo gráfico:
I Premio Nacional de Cocina Viejuna
Ésto es cocina 100% viejuna: un estremecedor pez de gelatina con palitos de surimi y rabanitos esculpidos en forma de flor. Todos hemos sido víctimas del viejunismo gastronómico, y no me digáis que no porque es que sí. Los huevos cocidos adornados con litros de mayonesa y manga pastelera, los brazos de patata, el pastel de pescado, la piña rellena, el pijama, la tarta al whisky, el huevo hilado, el áspic y el cóctel de gambas... todos han poblado nuestros sueños (y pesadillas).
I Premio Nacional de Cocina Viejuna
Efectivamente, ahora lo vintage está de moda. Han vuelto las barbas, las hombreras, los pantalones campana y estamos hartos de esos bares de modernos que se creen muy guays por poner baldosas hidráulicas y sillas desvencijadas. Lo viejuno vintage es hipster, es molón. Vale ya.
Nadie se acuerda de los bufés fríos con cascadas de langostinos cocidos, de los dátiles con bacon ni de los pollos asados con sombreritos de chef en las patas. Pero para eso está vuestra memoria histórica y sentimental. Porque la cocina viejuna en su momento fue lo más, crecimos con ella y a pesar de su aspecto a veces terrorífico, no estaba nada mal. Dentro de 20 años también se reirán de las esferificaciones, las reducciones y de los platos pintados con brochazos. O qué os creéis. El viejunismo gastronómico fue la máxima expresión de la modernidad de su época y sin él no hubiésemos pasado del cocido al minimalismo culinario. Nuestras madres y abuelas hicieron lo posible por olvidar las épocas de ranciedumbre y miseria, llenando las mesas de colores radiactivos, recetas internacionales y artilugios capitalistas. Fue la edad de la minipimer, la licuadora, la yogurtera y el robot de cocina. Y en el fondo os mola, igual que cuando recordáis los dibujos animados que daban en la tele cuando íbais a EGB.
Por eso la cocina viejuna necesita un homenaje, para saber de dónde venimos y en qué nos convertiremos. Suena súper metafísico pero también servirá para echarnos unas risas.
I Premio Nacional de Cocina Viejuna
Precisamente es en Navidad cuando el espíritu del viejunismo vuelve a aparecer en nuestras casas. Peladillas, espumillón y aguacates rellenos de gambas campan a sus anchas en unas fiestas que ensalzan las tradiciones familiares. Así que no hay mejor fecha que hoy, primer día de adviento, para convocar el I Premio Nacional de Cocina Viejuna. En él colaboran personas decentes y sensatas que me ayudarán a elegir el plato más viejuno de España, además de aportar premios seductores que os animen a participar.
Las bases:

  • ¿Qué hay que hacer? Mandar desde hoy y hasta el 22 de diciembre inclusive una receta, foto final y foto del proceso (para certificar que habéis perpetrado el plato y no copiado la imagen de un Lecturas de 1976) por correo electrónico a [email protected]
  • La receta puede ser viejuna de verdad, de un libro, de una revista, de vuestra tía abuela, inventada o adaptada. Lo que importa es que el aspecto, presentación y estilo sean verdaderamente viejunos. Mucho adorno, muchos colorines y muchas guarniciones que no sirven para nada. El lema de la cocina viejuna es "dientes, dientes, que es lo que les j...".
  • No hace falta que uséis gelatina ni ningún otro ingrediente en particular. Si no se os ocurren ideas, yo os iré poniendo ejemplos escalofriantes en los días venideros.
  • A partir del día 22, un equipo de diez expertos jurados (de los que hablaré otro día porque esto está quedando más largo que el copón) verá los platos que cumplan condiciones y votará en consecuencia.
  • Se valorará la dificultad, originalidad, ambientación y locura de todas las recetas participantes. Por supuesto, tienen que ser comestibles, no vale adornar un trozo de porexpán. Cuanto más os lo curréis y más os dejéis llevar por un oscuro ramalazo hortera y kitsch, mejor.
  • En caso de empate, servidora tendrá la última palabra y la espada de Salomón.
  • Como no es lo mismo que os presentéis doce que doce mil, si hubiera una épica pugna entre varios contendientes o alguien mereciera un premio especial a la horterada y la simpatía, se podrá añadir un premio áccesit.
  • El ganador saldrá anunciado como mucho el día 7 de enero, para que tengáis una razón para vivir una vez abiertos los paquetes con calcetines y pañuelos.
  • Podrán concursar todos los residentes en la España peninsular y las posesiones de ultramar (Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla).
  • Se puede mandar más de una receta sin problema, ya que os ponéis igual le cogéis gusto.
  • De momento esta edición será online y no presencial. Mi objetivo es que el viejunismo conquiste el mundo y el próximo año hagamos una gala en Torremolinos con Marujita Díaz  y Honorato abriendo el sobre de los premiados.



¿Qué podéis ganar?Además de la gloria inmortal, el ganador recibirá en su casa un set completo de viejunismo gastronómico y vital.
I Premio Nacional de Cocina ViejunaI Premio Nacional de Cocina Viejuna
De cada uno de estos premios gordos hablaremos extensamente y en particular otro día, pero para que se os vaya cayendo la baba:

  • Una cámara de fotos Polaroid PIC300 de la mano de Polaroid y Reflecta. La versión moderna de la mítica cámara que todos quisimos tener en los 80. Viejuna pero con aspecto actual, es fácil y divertida de usar para dejar constancia instantánea de las fiestas locas estilo Gunilla von Bismarck.
  • Una cafetera italiana marca Moka de los años 70, cedida por Cachivache Vintage o lo que es lo mismo, los Quiroga Páez. Venidos a menos por culpa de Bernie Madoff, mientras recuperan su patrimonio participan en este concurso donando la cafetera que usaba su doméstica Purita (de la que hablaremos largo y tendido, una musa de la cocina viejuna).
  • Un ejemplar firmado y dedicado de "Las 202 mejores recetas de El Comidista", que dentro de unos años valdrá millones. Mikel López Iturriaga es padrino de este concurso, muso y divulgador de la cocina viejuna a la que dio visibilidad mundial en su blog.
  • Un set completo de viejunismo de mi propia colección, que incluye un juego de café de seis servicios de Duralex ámbar de toda la vida, una tetera alemana de los años 80, una balanza de cocina marca Stube en naranja chillón como mandan los cánones kitsch, y un libro de cabecera como "La gran enciclopedia de la cocina" de 1964 sin el que no podréis vivir.


Como veis, éste es un acontecimiento planetario. Es hora de que la gelatina salga del armario.


¿Odiamos la cocina viejuna? ¿O en el fondo la amamos? Es algo que me llevo preguntando desde que inicié mi serie de entrevistas a platos anticuados en mi blog, El Comidista, y para lo que todavía no encuentro una respuesta clara. Por un lado, sentimos un natural rechazo ante los cócteles de gambas, las tartas al whisky, las galantinas y los rollitos de jamón rellenos de huevo hilado que en tantas bodas, comuniones y navidades hemos tenido que sufrir. Pero por otro, nos recuerdan a la infancia o a la adolescencia, y eso hace que enciendan algún interruptor del placer en nuestro cerebro y nos sintamos irresistiblemente atraídos hacia ellos. Tanto por lo primero como por lo segundo, creo que el I Concurso de Cocina Viejuna de Biscayenne es un magno acontecimiento, que nos producirá risa y llanto a partes iguales y logrará que nos reconciliemos con nuestro pasado culinario. 
Mikel López Iturriaga (aka. El Comidista)

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