Me han invadido las vacaciones
Por Dolega 10 agosto, 2013 Con humor No hay comentarios
Los sueños tienen que ser a lo grande, sino ya me contareis…
Oigo ruidos, muchos ruidos. Me doy la vuelta en la cama y me despierta el sonido de una máquina en el jardín, hago memoria y recuerdo que estamos todos de vacaciones. La casa tiene sobrepoblación estos días.
No importa Dolega, tú a tu rutina y no hagas ni caso, me digo de forma alegre y dicharachera.
Respiro hondo, me levanto, me pongo el primer café de la mañana y salgo al jardín a escribir. Anoche me ha surgido un relato que me gusta, me gusta mucho y no quiero que se pierda en los recovecos de mi mente.
Se abrochó la falda con un rápido gesto, recogió las llaves de la mesa y salió escaleras abajo con el corazón palpitante.
Lo amaba, lo amaba sobre todas las cosas y verlo era siempre una fiesta divertida y sensual.
-Toma, la lista de la compra. Te la he hecho para que así te sea más fácil.
-Pero Niña… ¿Esto es la lista de la compra ó el inventario del Mercadona?
-Hmmm ¡muy graciosa! Es que estamos de vacaciones y no hay de nada ¡No hay de nada!
-Ya, y si traigo esta lista de la compra, cuando terminemos de descargar el camión, moriremos en masa debido a un coma diabético colectivo. Creerán que éramos una secta ó algo así.
-¡Tú y tus bromas, siempre tus bromas! Pero no hay de nada, ya te lo digo. No hay helados, ni bollos para desayunar, ni natillas de chocolate, ni coca colas, ni fantas, ni bollos para merendar, ni patatas fritas para el aperitivo, ni natillas de chocolate, ni de las de galleta…
¡No hay de nada!
-Vale, luego hablamos del tema. Ahora déjame tomarme el café que estoy escribiendo. ¿ok?
Se ha ido cabreada, muy cabreada…
¿Por dónde iba? Ahh sí:
Se abrochó la falda con un rápido gesto, recog…
-¡Pero qué ruido es ese!
Respiro hondo, muy hondo.
-Tu padre, con el corta setos.
-¿¡Pero tú te crees que son horas!? ¡Con lo cansado que estoy, por Dios!
-¿¿¿Cansado??? ¡Pero si viniste anteayer de la playa!
-Ya madre, pero es que en ese piso tú no veas que ruidos. Coches, motos, la gente cantando a las cuatro de la mañana. ¡He dormido fatal! Además la playa cansa mucho.
-Es verdad, por eso yo no voy. Me quedo en casita tranquila, relajada y así puedo escribir a gusto.
-Qué vas a hacer de comida.
-Todavía no lo he pensado, me tengo que despertar primero.
-Vale, pero por favor que no sea pescaito frito que estoy saturado de los días de playa, ni paellas, ni tortillas de patata.
-No se preocupe el señorito, que ya le pasamos por mail el menú para estos días y así puede rellenar nuestro cuestionario de preferencias gastronómicas, para estar seguros de que su estancia en Villa Dolega será de su completo agrado.
-Ja ja, muy graciosa. Solo era una sugerencia.
-Puede echarla en nuestro buzón de sugerencias situado debajo del fregadero en un cubo muy mono con tapadera de pedal y con bolsa perfumada.
-Me vuelvo a la cama, a ver si puedo descansar un rato aunque sea, ¡coño! que estoy de vacaciones.
Se me está enfriando el café y ya no sé por dónde iba, releo:
Se abrochó la falda con un rápido gesto, recogió las llaves de la mesa y salió escaleras abajo con el corazón palpit
-Dolega, ¿Dónde están las tijeras de podar pequeñas? Las azules, alemanas que dejé el verano pasado en el porche de la cocina.
Mi respiro ya es como la fosa de las Marianas.
-Pues…no sé…pero como les haya dado por volver a casa, desde el verano pasado, deben de ir ya como mínimo por Suiza. ¿Tú no les has puesto GPS?
-¡Es que siempre es igual!¡Siempre me pierden las cosas! Qué manía ¡coño! con mover las cosas de sitio, porque según ella “están mal puestas”. Luego hay que adivinar dónde, según ella, están “bien puestas”. ¡Manda huevos!
Ahora me atraso y no puedo aprovechar las vacaciones, porque si no puedo cortar los bordes de las esquinas no queda bien y entonces ¡Ah mira, aquí están, menos mal!
-Dolega, ¿Dónde están las bolsas de jardín que dejé el verano pasado encima del cajón de herramientas?
Se abrochó la falda con un rápido gesto, recogió las llaves de la mesa y salió escaleras abajo con el corazón palpitante. Salió a la calle y miró a un lado y a otro buscando desesperadamente un taxi. Cuando vio uno, hizo toda clase de aspavientos para que parara. Abrió la puerta y se lanzó dentro del coche como si fuera una piscina, mientras le gritaba al chofer: ¡Por favor, sáqueme de aquí! Me persiguen las vacaciones.
