El día en que Barcelona parecía Bilbao fuimos a Tapatxi. Siendo sincera no había tenido en cuenta la situación cuando reservamos. Es más, si lo hubiera pensado bien no lo hubiera hecho justo por ese motivo. También hay que tener narices para ir a un vasco, un día de final futbolera Barça-Athletic… Pero a lo hecho pecho y después de pasear algo por la rambla entre gritos animosos de la afición de alguna forma te contagias del entusiasmo y “p’alante” que casi casi te vuelves vasco a la que estas diez minutos rodeado de gente tan sana!
Llegamos a Taptaxi, suerte de la reserva y nos sentamos. Somos los extranjeros, como se puede esperar en un restaurante de la calle Ferran de Barcelona, pero ese día lleno de un turismo rojiblanco. Nos atiende directamente Juan Aparicio, el chef, el resto está inmerso en un ritmo desenfrenado sirviendo cañas, vinos y hasta calimocho! (Pensaba que eso ya no existía) le comentamos a Juan la situacion en tono cordial y el resignado y con simpatía nos comenta que en dos horas llevan 7 barriles de cerveza y que los pinchos que normalmente lucen en su barra han tenido que ponerse a resguardo.
Vamos directos al grano. La reserva era para degustar el menú de vaca vieja, no hay nada que pensar ni carta que mirar. Solo elegir la bebida que el menú contemplaba (la primera copa) y decirles que en el primer plato, el carpaccio con parmesano podrían servir el queso separado. Ah! Y elegir también el punto de cocción de la carne, el segundo.
Una copa de vino generosa, 4 buenos trozos de pan con tomate y el Carpaccio llega asombrosamente pronto dada la situación y el colapso que me imagino que debería haber en la cocina. También es cierto que no es que necesite gran preparación, pero no hay que quitarle mérito.
El parmesano lo han hecho en flor para ponerlo en la mitad de la ración ya que es a compartir. Así no hay riesgo de que de vuele ninguna viruta a “mi parte”. Va aliñado con un vinagreta agridulce y hierbas aromáticas. Diría que mostaza antigua y algo de miel. No lo había comido nunca así y la verdad es que le sienta bien, nos gustó. La cantidad servida era correcta tirando a correctísima recordando otras ocasiones. En algún que otro sitio deberían plantearse que, vale que el carpaccio es papel de fumar, pero no fondo de plato…
Retirada del plato y enseguida, el chuletón de 500 gramos. Uno para cada uno y en el punto pedido. Enorme trozo de carne que asusta, pero es un miedo algo infundado, no debe servir para amendentrarse a la hora de elegirlo: gran parte de esos gramos se quedaran en el plato e forma de grasa y hueso. Esos desperdicios de la Chuleta son los que la hacen tan jugosa.
La Carne era buena, estaba tierna y bien hecha.
La afición bilbaína sigue entre cantos para su equipo y acabando con las existencias de cerveza de la barra, pero y también sentándose en las mesas que iban quedando libres para meter algo sólido en el cuerpo. De alguna forma, puede ser que por “deformación profesional” observaba si el resto de clientes estaba siendo atendidos igual que nosotros, ya que ellos iban a la carta, a raciones y dudo que los estuvieran esperando. Llegué a la conclusión de que el equipo de tapatxi demostró estar bien organizado. Por lo menos, en momentos de crisis todos están dispuestos a arrimar el codo con toda la voluntariedad para que nadie se quedara más tiempo del imprescindible sin calmar su hambre. Hemos estado en sitios con 6 mesas 3 camareros y nos ha dado la sensación de ser transparentes!!! Y cuando nos hemos hecho ver, tomarte nota es casi hacerte un favor para que no “molestes” más.

